BELLA OSCURIDAD
CAPITULO I
La lluvia era demasiado abundante como para pensar en otra cosa, el frío penetraba en lo profundo de las almas y la gente caminaba presurosa tropezando entre ellos sin saber a donde iban.
Al final de la calle, una luz parpadeaba como si luchara contra la humedad; pero ya sin fuerzas para seguir, se apagó ante la angustia de las personas que se encontraban allí. Todos le temen a lo que no pueden ver, a lo desconocido, todos le temen a la oscuridad; pero a veces puedes estar más seguro en la penumbra, allí no te podrá encontrar, allí nadie te lastimará.
- Buenos días Bella; ¡hoy es un lindo día!
- Buenos días Alex; ¿por qué viniste tan temprano?
- Quería ver si el amanecer era más precioso que tú y ya me di cuenta que no.
- Yo también estuve pensando en ti… quisiera poder a salir a pasear contigo.
- Mi amor, sabes que es mejor que estés aquí, tenemos que seguir las indicaciones del médico.
- Pero siempre dice que aún es demasiado pronto y que tengo que seguir tomando los medicamentos… tengo miedo de olvidar como se siente el calor en mi piel, ya no recuerdo el aroma de las flores, anoche llovió y de seguro hoy habrá mucho sol; pero yo no puedo salir a verlo… ¡mírame! Cada día estoy más pálida, parezco una hoja de papel, los dedos me duelen y mi cabello se cae en la almohada… tengo miedo de morir aquí.
- Bella de mi vida, yo no te dejaré morir, tú eres la razón de mi existencia. Yo sé que pronto te mejorarás y todo será como lo planeamos, nos casaremos el próximo verano y seremos muy felices.
- No podrás ser feliz con un cadáver a tu lado.
- No morirás, te lo prometo.
La tristeza se reflejaba en la mirada de Bella; todos los esfuerzos de sus padres parecían en vano, la enfermedad que la postraba en cama, estaba consumiendo su vida. Habían pasado más de dos años y Bella perdió su adolescencia por estar encerrada en su casa; Alexander era su novio; pero nada podía hacer por ella, la desesperación lo estaba volviendo loco y parecía que su amada no tenía salvación.
- Papá ¿puedo salir mañana solo un momento?
- Hijita, sabes que no debes salir.
- Pero me cubriré todo el cuerpo y además llevaré una sombrilla.
- Bella, tú no puedes recibir ni un poco de calor.
- Ayer vi el sol por la ventana y todo se veía tan bonito…
- ¡Por qué te acercaste a la ventana! ¡No puedes estar cerca al sol, acaso quieres matarte!
- Sólo fue un instante y además yo…
- Perdón Bella, perdóname no quise gritarte.
- No te preocupes papá, ya estoy bien… ¿papá? ¿voy a morirme, verdad?
- Claro que no mi amor, claro que no.
- Todas las tardes mi mamá se encierra en el estudio y no sale hasta que anocheces; sé que está llorando, no quiero verlos sufrir, yo también me sentía así cuando Lucia enfermó.
- No pudimos salvar a tu hermana, pero contigo es diferente te estamos cuidando y el médico dice que te puedes sanar.
- Espero que si papá, pero yo no me sentía mal, solamente desde que me empezaron a curar y me encerraron aquí…
- Hijita era para prevenir, tu hermana sufrió mucho y no queremos eso para ti.
- ¿Y si no estoy enferma?
- Eso quisiera hija, sin embargo el médico dice que te sientes mejor por los medicamentos que te da.
- A mi me parece lo contrario; pero Lucia si podía salir de la casa.
- No hijita, desde que enfermó no podía salir, además estaba muy débil y con las justas caminaba.
- No salía al sol, pero en las noches se levantaba y saltaba por la ventana, yo la vi hacerlo muchas veces; ella pensaba que yo estaba dormida…
- Que cosas dices Bella; debiste haberlo soñado, tu hermana no podía pararse por si sola, desde que cayó enferma no se volvió a levantar.
- No papá, no lo soñé, ella saltaba por la ventana.
- Creo que estás mal, voy a darte tu calmante para que duermas un poco.
- ¡No quiero un calmante!, solo quiero que me escuches y que me expliques algunas cosas que vi cuando Lucía estaba enferma.
- Tómate tu calmante Bella, mañana estarás mejor.
- No quieres escucharme, espero que después no sea demasiado tarde.
Bella obedeció a su padre y en unos minutos se encontraba profundamente dormida y empezó a tener un sueño muy extraño, quizás debido al medicamento que había tomado: Ella se encontraba sentada en la entrada de su casa, vestida como su hermana y el sol estaba muy brillante, pero no le causaba ningún daño; de pronto apareció su madre vestida de negro y con una cadena en la mano, su mirada era de ternura y compasión, no contrastaba para nada con su aterrador aspecto; parecía que quería abrazarla y Bella no sintió temor, pero en un instante se encontraba encima de ella tratando de ahorcarla con su cadena.
- Bella, Bella, despierta mi amor.
- ¿Alex?, ¿Eres tú?; sabes tenía una pesadilla, yo me vestía como Lucía y mi mamá…
- Silencio mi amor, ya todo está bien, solo fue un sueño, subí a despertarte porque estabas gritando.
- ¿Dónde está mi mamá?
- Supongo que debe estar en el estudio, ¿por qué?
- Quiero ir a verla.
- Esta bien, vamos los dos, yo te llevaré; déjame ayudarte, primero pon tu brazo aquí y… ¡Dios mío! ¡Qué te has hecho!
Los brazos de Bella estaban desgarrados, parecía que se hubiera rasgado con algo, su piel sangraba y estaba amoratada, eran como profundos arañones; pero ella no sentía ningún dolor.
- ¡Qué pasó! ¡Papá, papá! ¡Ayúdenme por favor!
- Tranquilízate Bella, tranquilízate, ¿te duele mucho?
- No me duele, pero odio la sangre, ¡La odio, la odio!
- ¿Qué está pasando aquí? ¡OH, por Dios!, ¡Hijita que has hecho!
- Señor, no sé que sucedió, ella despertó y ya estaba así, sus brazos están destrozados… voy a llamar al doctor.
- Papá, papito, ayúdame por favor, sácame de aquí, quiero salir de aquí.
- Hijita, tranquilízate, todo va a estar bien; yo voy a cuidarte.
- No dejes que se me acerque… fue ella, fue ella.
- Bella, que te sucede, no te muevas mucho, te estás lastimando más… Alex vendrá pronto con el doctor.
- ¡No quiero ver a nadie! Y menos a ese hombre, él es malo papá, nos está mintiendo, yo no estoy enferma, él me está enfermando.
- Que cosas dices mi vida, tranquilízate por favor.
- ¡Sácame de aquí por favor!, si me quedo me van a matar.
- ¿De quienes hablas?
- ¡Sácame de aquí! ¡Sácame de aquí!
- Mi hijita, pobrecita mi Bella, yo voy a estar contigo, nadie te va a lastimar.
- Ya está aquí el doctor, ¿Cómo está Bella?
- Está muy nerviosa, parece que está en shock, será mejor que la ayudemos pronto; por favor doctor, tiene que curar a mi hija.
- Tranquilícese Señor Palacios; su hija se pondrá bien… el joven Alexander me contó lo que sucedió, de seguro al momento de tener una pesadilla, Bella se arañó inconscientemente, todo esto es producto de su enfermedad; ya está en una fase avanzada, al igual que Lucía entrará en la demencia y la desesperación. Voy a ponerle un sedante cuando termine.
- Mi Bella está sufriendo mucho doctor.
- Señor creo que es tiempo de internarla en un Hospital Mental, allí la cuidarán mejor y cosas como esta no sucederán o ¿acaso espera usted que Bella llegue al extremo que llegó Lucía?
- Por supuesto que no, ella se tiene que sanar.
- Señor Palacios, usted sabe que eso es imposible, no sea cruel y no alimente las esperanzas de su hija; déjela morir tranquila; porque Lucía no tuvo una muerte muy buena que digamos.
- Deje de decir tonterías y termine de curar a mi hija; yo iré a avisar a mi esposa.
- La señora Raquel salió cuando el doctor y yo llegábamos.
- ¿Salió? Que extraño, ella nunca sale de día, detesta el sol.
- Acaso ella también está enferma… por lo visto las mujeres de esta casa son vampiresas.
- Podría callarse; haga su trabajo que es para lo único que está aquí… mi esposa odia el sol porque fue por eso que mi otra hija murió y también porque Bella no puede salir cuando hay sol.
- La señora Raquel pasó por nuestro lado sin decir nada, no me dio tiempo para avisarle, parecía que no nos había visto… ¿quiere que vaya a buscarla?
- No Alex, déjalo así… tal vez regrese más tarde. Mi esposa está muy afectada con todo esto, primero Lucía y ahora mi pequeña Bella, ya no sé que más hacer; siento que me estoy volviendo loco… si tú supieras todo lo que sufrimos con mi hija mayor.
- Me lo imagino, ¿podría contarme como era Lucía?, yo no llegué a conocerla.
- Mi hija era preciosa, era idéntica a su madre… enfermó a la misma edad que tiene Bella a los 16 años; desde ese entonces todo en esta casa es desgracia. No quiero perder a mi hijita, ya no lo soportaría… quisiera despertar un día y ver que todo está bien; cuídala mucho Alex tú eres muy importante para ella y también eres su única alegría.
- Bella es lo que más quiero en mi vida, desde el primer día que la vi, me enamoré de ella, es muy inteligente y sencilla. Usted a sido muy amable conmigo al haberme permitido ser su enamorado, además gracias a usted pude continuar con mi carera… le prometo que no desperdiciaré la oportunidad que me dio.
- Tú eres un joven muy capaz y por eso confié en ti, estoy seguro que cuando termines tu carrera serás un buen abogado y un buen esposo para mi Bella.
- Señor Palacios, disculpe que lo interrumpa, ya terminé con mi trabajo, curé las heridas y le coloqué unas vendas para que no se vuelva a lastimar… sé que es un poco cruel, pero le aconsejaría que la amarre a la cama para que no sucedan más tragedias; esto solamente fue un ataque de histeria, peor puede volverse a repetir.
- Gracias Doctor, yo le llamaré si lo vuelvo a necesitar.
- Yo creo que este día ya acabó para mí, le puse una buena dosis de sedantes y tal vez no despierte hasta mañana.
- Entonces nos vemos mañana… adiós.
Bella se quedó en compañía de su padre y de su novio; pero nadie podía cuidar sus sueños, aunque estuvieran a su lado no podían protegerla de lo que le hacía daño. La niña se veía tan indefensa, su rostro era demasiado pálido, tenía el cabello claro y rizado como el de su padre, era una pena pensar que su belleza se marchitaba sin remedio.
La pequeña Bella tenía mucho miedo y dormir se estaba convirtiendo en un infierno para ella; pero nadie le creía… sin embargo, ¿Qué era lo que le sucedía a su madre? ¿Por qué jamás subía a verla? ¿A quién le temía tanto Bella?
- Buenos días Bella.
- ¿Alex?... ¿Qué haces aquí?
- Me la pasé toda la noche en vela cuidándote.
- ¡Y quién te lo pidió!, no necesito que nadie me cuide, voy a morir pronto y tú estás perdiendo el tiempo aquí conmigo… ¿Por qué no te buscas otra novia?
- Bella de mi vida, nunca voy a dejarte, aunque tú me lo pidas.
- Eres un tonto, estás acabando tu vida conmigo… hasta tal vez te contagie mi enfermedad… no lo entiendes, es por eso que la gente ya no se acerca a esta casa, esta parece una mansión de terror; las ventanas nunca se abren, mi madre nunca sale y cuando lo hace se viste de negro y lleva puesto un velo, parece un alma en pena; esta es una casa de locos y si tú no te vas pronto, te volverás loco también.
- Mi chiquita linda, estás muy nerviosa; yo no te voy a dejar nunca.
- Ese es tu problema, ahora déjame sola, quiero descansar un rato.
- Está bien, volveré más tarde… hasta luego Bella.
La habitación se quedó vacía, tan solo quedó en un rincón oscuro la triste silueta de Bella, amarrada a la cama como un animal; la desesperación la estaba dominando y ya no quería dormir, aunque estar despierta también era una pesadilla.
- ¿Cómo estás hija?
- Mamita, que bueno que viniste a verme.
- Me contaron que tuviste un accidente hace unos días.
- Ah, ya paso, no fue nada.
- Hace un par de horas vi a Alex salir de aquí.
- Si, yo le dije que se vaya.
- Eso está bien, él no es un buen chico, no te quiere de verdad.
- Le dije que se vaya porque estoy cansada, pero él si me quiere ¿por qué dices eso mamá?
- Porque es la verdad. Ese chico solamente está contigo por lástima y porque le debe favores a tu papá, él sabe que tiene que pagarle de alguna forma… o acaso no te has puesto a pensar en las razones que tiene para estar contigo; tú eres mucho menor que él, además cuando te conoció ya estabas enferma, ¿Qué hombre se enamora de una moribunda?
- ¡Cállate! ¡Cállate!, yo no soy una moribunda… mi papá dijo que voy a sanarme, yo no voy a morir.
- Claro que vas a morir… por eso sigo llevando el luto, morirás igual que tu hermana.
- ¡Cállate mamá! ¡Papá, papá! ¡auxilio! ¡auxilio!
- ¿Qué sucede Raquel? ¿Qué tiene la niña?
- No lo sé Arturo, nuestra hija se está volviendo loca, mira como grita y se retuerce en la cama… no puedo ver esto… ayúdala por favor.
- Tranquila Raquel, llamaré al doctor; tranquilízate ya no llores más.
- No Arturo, déjame ir a mí, yo llamaré al doctor; tú quédate con la niña.
- Está bien, pero ve pronto, que Bella está muy mal.
¿Cuánto más podrá soportar Bella?, el tiempo se convirtió en su verdugo, y al parecer el sol la lastimaba menos que su propia familia. Sus gritos eran mudos, su desesperación destrozaba cualquier indicio de cordura; Bella se ahogaba en llanto y nadie la entendía. Ella necesitaba hablar con alguien y lo único que hacían era darle sedantes, la vida se le iba enfrente de todo el mundo y no era precisamente por su enfermedad.
