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La Coctelera

SOLAMENTE AZUL

Poesías, relatos y demasiados versos escritos sin inspiración.

28 Octubre 2006

BELLA OSCURIDAD

CAPITULO II

El ambiente del estudio era el más aterrador de toda la casa, sus muros eran gruesos y el techo era muy alto; en las paredes había varios cuadros cubiertos con mantos oscuros, los libros en los estantes estaban empolvados y en una pequeña mesa había un florero con flores demasiado marchitas que despedían un olor nauseabundo. La única silla de la habitación estaba apoyada a la pared más alejada del estudio; lo que llamaba la atención era un armario muy bien cuidado y limpio, el cual estaba siempre cerrado con un enorme candado.
En este lugar álgido y desesperante, la señora Raquel pasaba casi todo el día y jamás permitía que nadie se acerque cuando se encontraba en sus sesiones de llanto y dolor.
- Aquí estoy como me lo pidió señora.
- Supongo que nadie lo vio entrar.
- Todo fue como siempre señora.
- Necesito que tranquilice a mi esposo y que acelere los trámites para internar a mi hija en el hospital.
- Señora Raquel, ya le dije a su esposo acerca de eso, pero él se niega.
- Ese no es mi problema; yo le pago para que haga lo que yo le diga y si no puede hacerlo puedo conseguir a otro doctor.
- No se exalte señora… falta poco para lograr lo que usted quiere.
- Si mi preciosa hija Lucía no pudo salvarse, esta mugrosa no puede sanarse. Voy a tranquilizar el alma de mi hija mayor.
- Muy pronto Bella se volverá loca y después será más fácil que le suceda un accidente.
- Ese es mi trabajo, usted solamente dedíquese a calmar a mi esposo y a ese mantenido de Alex, aunque pensándolo bien, déjeme al muchacho para mi.
- Lo que usted diga señora, nos vemos después.
- Retírese.
La habitación de Bella estaba más oscura que nunca, su mirada parecía perdida en el infinito, tenía los brazos y las piernas atadas a la cama; pero nada de eso le importaba, lo único que ella quería era escapar de allí y no le interesaba nada más, sin embargo, necesitaba despejar muchas dudas que tenía, ella había visto cosas rarísimas que sucedieron con su hermana, y sabía que no le permitirían hablar, por eso decidió contarle todo a su novio.
- Alex, tengo que decirte algo.
- Lo que tú quieras mi amor, pero no te esfuerces mucho.
- Solamente escúchame… hace varios años, cuando mi hermana estaba enferma, yo vi cosas que no puedo entender; Lucía era muy extraña y hacía cosas raras, cuando enfermó yo tenía doce años y dormíamos juntas; muchas veces la vi saltar por la ventana, también se vestía con ropas raras y bailaba en el estudio sola, parecía una loca; pero cuando estaba con mi papá o mi mamá ¡No podía moverse!, su piel era blanca y suave, tenía un pequeño muñeco debajo de su cama y en las noches se sentaba frente al espejo y lo acariciaba, después …
- Bella, porque inventas esas cosas, si sigues diciendo mentiras, tus padres no te van a creer nunca.
- ¡No estoy mintiendo!, todo eso sucedió en verdad, y también recuerdo cuando mi papá entró esa noche en el cuarto y cuando el doctor venía a inyectarnos a las dos.
- ¡Silencio niña!, no quiero que sigas diciendo mentiras tan absurdas; creo que el doctor tenía razón, tú necesitas estar internada en un hospital, los medicamentos ya te están afectando mucho.
- Alex, por favor créeme, yo no estoy mintiendo, tampoco estoy enferma, créeme por favor.
- Quisiera creerte mi vida, quisiera creerte en verdad.
- Entiendo que estoy sola, no puedo contar contigo… tengo que hacerlo sola, no te necesito… cuídate mucho Alex.
- Todo estará bien Bella, te sanarás pronto.
- Si tan solo confiaras en mí… temo que no tendré tiempo para esperarte, siento que la vida se me va y no es por mi supuesta enfermedad, me están matando entre todos.
- Bella, bella, quiero que me prometas que vas a tranquilizarte y yo te prometo que no diré nada de esto, si lo hago es posible que te internen de inmediato.
- Sé que me dices esto, porque quieres que me quede callada, pero de todas formas voy a hacerte caso.

Ponte a pensar que no puedes hablar, no puedes decir ni una sola palabra, tus gritos son mudos y la desesperación es tu única compañía. Ponte a pensar que te estás derritiendo como un pedazo de hielo y que todos miran como desapareces en un triste charco de soledad. Sabrás que ya nada tiene remedio.
- Papá, puedo pedirte algo.
- Claro que sí hijita mía.
- Necesito que me cuentes todo sobre la enfermedad de mi hermana.
- Pequeña, no quiero que recuerdes esos horribles días que pasamos.
- Necesito saberlo papá, es algo muy importante.
- Mi niña bella, creo que ya no puedo tratarte como una niña. Tu hermana era una chica feliz, como cualquier otra chica de su edad, bailaba con sus amigas, era muy normal; hasta que empezó a enfermar, su piel se irritaba con el sol y pensamos que era una alergia; pero después todo su cuerpo empezó a lastimarse, heridas en sus piernas, rasguños en sus brazos; todo empezó a cambiar y no pudimos hacer nada.
- Nunca me dijeron que fue lo que tenía.
- Dicen que es un tipo de anemia, su cuerpo ya no producía glóbulos rojos y empezó a debilitarse y la palidez de su piel era extrema, se debilito tanto que tampoco se le podía hacer una transfusión.
- ¿Y mi mamá?
- Raquel adoraba a Lucía y más porque ella se parecía mucho a tu mamá; su piel era clara y pura, su cabello era liso y rubio, lo único que diferenciaba a tu mamá de Lucía era el color del cabello.
- Claro mi mamá tiene el cabello negro. Papá ¿Cómo murió mi hermana?, lo único que recuerdo es que siempre me alejaban de ella; pero esa noche yo vi algo por la puerta.
- ¿Qué fue lo que viste?
- ¿Por qué no me dices lo que pasó?
- No fue nada malo.
- Solo dime por que entraste al dormitorio esa noche, ¿Le hiciste algo a mi hermana?
- ¿Por qué me miras así?
- Sé que algo no está bien, siempre te quise más que a cualquier cosa, pero me estás ocultando algo papá, quiero que me digas que le hiciste a mi hermana.
- ¡Cállate! ¡Yo no le hice nada! – Arturo abofeteo a Bella.
- No voy a callarme, me quieres callar porque sabes que estoy diciendo la verdad, tú y mi mamá están locos y ahora quieren matarme a mi ¡Háganlo de una vez! ¡Mátame papá!, ya no soporto más, no soporto más…
- No puedo creer que me estés hablando así… ya no puedo ayudarte, creo que tengo que llevarte al hospital.
- Que fácil es deshacerse de mi, pero ni aunque me encierres podrás borrar tu culpa.
- Tus palabras me lastiman hija, pero eso no me importa, yo seguiré a tu lado.
- Sufrirás más cuando me veas morir, ni todo tu dinero podrá comprar tu tranquilidad, jamás podrás olvidar lo que le hiciste a mi hermana.
- ¡Ella me obligó!... yo no quería hacerlo.
- ¿Qué estás diciendo papá? ¿Quién te obligó? ¿Acaso fue mi mamá?
- No, no fue tu madre…Lucía me pidió que la matara.
- Entonces si fuiste tú…tú mataste a mi hermana.
- Ella sufría mucho, ya no podía respirar y se movía con dificultad…su piel parecía papel mojado, Lucía lloraba y solamente suplicaba que ahoguen su sufrimiento. Una noche me mandó llamar y subí a su habitación, todo estaba oscuro como siempre y tú no estabas porque ya te habíamos cambiado de dormitorio; tu hermana quería despedirse de mi, me dijo que me amaba demasiado y que no soportaba verme llorar, me dijo también que estaba cansada y que quería librarse de tanto dolor…me entregó una jeringa con un medicamento y me pidió que regresará en la madrugada cuando estuviera dormida; me suplicó llorando que la ayudara…yo no quería hacerlo, pero tampoco quería verla sufrir más…así que lo hice; entré a su dormitorio a las dos de la mañana y vi su silueta dibujada en las sabanas, me acerqué sollozando y pidiendo perdón, le inyecté el veneno y lo único que oí fue un suave quejido como el de un ave herida…¡La maté!
- Siento lástima y miedo a la vez, me mentiste y ahora sé que no puedo confiar ni siquiera en ti, eres un asesino.
- Compréndeme por favor, yo no tenía elección, Lucía ya estaba muerta, yo no podía verla así.
- Tú no tenías ningún derecho, Lucía no quería morir, ella conversaba conmigo y me decía que quería aliviarse, por eso hacía todo lo que le decían; tomaba sus medicinas sin interrupción, jamás se acercaba a la luz, comía esa asquerosa carne cruda que le daban, permitía que la amarren a la cama y todos los días rezaba suplicando un milagro; ella quería vivir y tú la mataste.
- Ella me lo pidió.
- Lucía jamás haría eso, aunque estaba muy enferma no quería morir. Quiero que te alejes de mi, tú y mi madre me están volviendo loca; tengo que estar sola para poder sobrevivir.

El padre de Bella salió de la habitación completamente destrozado, su hija jamás le recriminó nada; pero de pronto parecía saberlo todo y ya no pudo más con su culpa, le contó lo que había sucedido y con eso la perdió para siempre.

- Buenas noches Bella.
- ¿Qué haces aquí? ¿Vienes a torturarme otra vez?
- Hija no seas trágica; subí porque vi a tu padre en el vestíbulo y se le ve muy mal, ¿Qué cosa le hiciste?
- No quiero hablar contigo Raquel.
- Vaya, vaya, la dulce niña quiere enfrentarse a mi.
- Vete por favor, no quiero verte junto a mi.
- Tu padre es un idiota porque cree que eres una niña inofensiva; pero él no sabe la clase de persona que eres…tú tienes la culpa de todo, es por eso que ahora no tienes derecho a reclamos.
- ¿Por qué me tratas así? ¿Acaso no soy tu hija?
- Por supuesto que eres mi hija, pero desearía que no hubieras nacido, por tu culpa mi hija Lucía murió.
- Tú me odias por una razón que aún desconozco, pero pronto averiguaré todo, quiero que sepas que no voy a dejar que me lastimes más, muy pronto vas a pagar todo lo que me estás haciendo.
- ¿Así? Y a quien vas a quejarte, acaso al idiota de tu padre o al inútil de tu novio.
- No necesito a nadie para defenderme de ti, ya verás que soy más fuerte que tú.
- No digas ridiculeces niña estúpida, esto no es una competencia, además tú estás con un pie en la tumba.
- Eso es lo que quisieras tú, eres una malvada.
- Pronto llegará el día en que ya no me estorbes más…tu hermana va ayudarme.
- Estás completamente loca.
- Puede ser, pero todos creen que la loca eres tú.

El tiempo se le acababa a Bella, su madre no permitiría que ella descubra nada; necesitaba que la ayuden, pero no podía confiar en nadie. Entonces decidió dejar de tomar los medicamentos y poco a poco comenzó a sentirse mejor, pero no le dijo nada a nadie; su piel empezó a tomar color y Bella tuvo que ponerse maquillaje para que no se dieran cuenta, sus uñas ya no se quebraban con tanta facilidad; en unas semanas tuvo las fuerzas suficientes para levantarse de la cama sin ayuda.
Al pasar los días, Bella decidió que usaría la noche para buscar algo que le ayude a descubrir lo que estaba sucediendo. Un día le pidió a su padre que no la amarre en las noches y él accedió sin problemas; llegada la hora más oscura de la noche, Bella se levantó y salió de su habitación, lentamente bajó las gradas hasta llegar al pasillo, la casa estaba en silencio y a oscuras, solamente se oía la respiración agitada de Bella, su silueta delgadísima se deslizaba por los pasillos mudos de la mansión; la puerta del estudio era cada vez más próxima y llegó el momento en que la niña se encontró de pie frente a esa habitación tan misteriosa.

- Dios mío, ayúdame por favor…dame fuerzas para continuar; tengo mucho miedo y te necesito, sé que no estoy sola, ayúdame te lo suplico.

Bella empujó con dificultad la puerta y un viento helado penetró en sus huesos, su cabello volaba como si se encontrase en la cúspide de una montaña; pronto descubrió que una enorme ventana estaba abierta, observó toda la habitación y su cuerpo se estremeció al sentir que no estaba sola…En el ambiente se sentía que esa habitación estaba habitada, en el piso empolvado se divisaban huellas recientes, los cajones movidos, la ventana abierta y la cortina bailando como un patético fantasma.
No pudo avanzar más y quiso salir corriendo, pero al darse vuelta vio algo que le llamó la atención, una grabadora que estaba detrás de la puerta, se acercó y la encendió; lo que escuchó le confirmó el cinismo de su madre, era una grabación de llantos, ese llanto que todas las tardes oían en la casa, esos lamentos que todos creían que eran de Raquel. Bella escuchó una y otra vez la grabación, en su mente las ideas se confundían, ¿Para qué hacía eso su madre? Tal vez para aparentar sufrimiento delante de su esposo o quizás para que no la molesten mientras ella hacía algo y también era posible que ella no estuviera allí en las tardes.
La niña subió a su dormitorio, no sin antes dejar todo en su lugar; poco apoco su mente empezó a volar y sus incógnitas comenzaron a tomar forma; Bella sabía que tenía que enfrentar a su madre y descubrirla ante todos, pero todavía no podía hacerlo, primero tenía que saber que le pasó a su hermana.

- Vine a desearte las Buenas Noches mi amor.
- Alex, quería que le preguntes al doctor si puedo levantarme.
- Bella, sabes que estás muy débil, no puedes levantarte.
- Está bien, no importa; entonces no quiero que nadie me moleste, dile a todos que no suban a verme.
- Lo que quieras mi amor.

Bella nunca se pudo explicar la razón por la que sus brazos aparecieron con moretones y rasguños. Algunas veces le dejaban un vaso de agua en su velador, este contenía un fuerte sedante y era por eso que no podía recordar lo que le sucedía, tampoco sintió dolor cuando despertó con heridas. Esa noche, Bella no tomó el agua que le dejaron, eran más de las doce de la noche y el sueño vencía a la niña, pero ella no quería dormir, sabía que algo la amenazaba; la oscuridad de la noche se veía interrumpida por la luz de la Luna que se escabullía entre las cortinas, el dormitorio era enorme y vacío, tan solo había una cama y su velador, el piso era de madera, la ventana era muy grande con cortinas color púrpura; este lugar triste y desolador era la morada de Bella.

En el momento en que ya no se sabía si era noche o madrugada, la pequeña niña miraba la ventana sin parpadear, sus ojos enormes estaban irritados y solo se oía el latido de sus temores; de pronto oyó unos pasos en el pasadizo, volteó su mirada presurosa y pudo observar que una sombra se acercaba a su puerta, ¿Quién podía ser a esas horas?... El corazón de Bella quería salirse de su lugar, el miedo estaba a punto de vencerla; pero logró controlarse y fingió estar dormida.
La puerta se abrió muy despacio y una figura femenina entró en la habitación, sus pisadas eran suaves, pero retumbaban en todo el dormitorio; Bella intentaba contener su respiración agitada para no ser descubierta, quería gritar y salir corriendo; pero no debía.
Esa extraña persona se sentó en la cama e inexplicablemente comenzó a acariciar el rostro de Bella, sin poder resistir más, Bella entreabrió los ojos. Allí estaba esa mujer de delgada figura, cabello dorado y liso, con un sombrero que le cubría parte del rostro, un pañuelo en la mano y un vestido que Bella había visto antes… ¡Era su hermana!...Bella enmudeció por un momento y sin poder reaccionar, vio como su “hermana” sonrió y se acomodó el sombrero; la volvió a acariciar y le secó la frente con el pañuelo; luego sin salir de su estupor vio repetirse una vez más aquella escena… Lucía saltó por la ventana.
Sin darse cuenta, Bella se levantó de un brinco y corrió a la ventana.

- ¡Lucía! ¡Hermana! por favor no te vayas, vuelve no te haré daño…vuelve aquí por favor.

Las súplicas de Bella no fueron escuchadas, la mujer cayó suavemente en el jardín y luego se confundió entre las sombras del bosque

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Sobre mí

Ya no existo, no oigo mi respiración, no veo mi sombra y mi aliento no se dibuja en el vidrio. Dime si alguna vez existí; tal vez solo lo imaginé, sería una lastima si fuera así, por favor, te pido que contestes mis preguntas; o es que acaso, tampoco tengo voz.

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