BELLA OSCURIDAD
CAPITULO III
- Señora Raquel, vine tan pronto como pude.
- Doctor, ya no necesito de sus servicios.
- ¿Está usted segura?, recuerde que soy el único que sabe su secreto, además aún la niña está en la casa; usted quería internarla en un hospital.
- Aquí está su dinero y hay una cantidad más para que se calle la boca, yo veré como soluciono mi problema.
- La matará, no es cierto.
- Ya no tengo nada que hablar con usted, retírese…salga por la puerta del jardín, para que nadie lo vea…y otra cosa, ni se le ocurra regresar; si lo hace lo denunciaré por negligencia médica.
- Si eso es lo que quiere, no volverá a verme por aquí, fue un gusto hacer tratos con usted señora.
- Retírese.
Era muy extraño que la madre de Bella se deshiciese de su único aliado; esto hace pensar que las cosas ya estaban llegando a su fin y por eso Bella tenía que apresurarse en descubrir a su madre.
- Alex, quiero que por favor me escuches, y diga lo que diga no vayas a pensar que estoy loca.
- Mi amor sé que estás mejorando mucho y eso me alegra, creo que tu piel ya no está tan pálida, muy pronto vas a sanarte; ¿qué querías decirme?
- Alex, anoche no dormí, quise quedarme despierta por que siento que alguien me ataca cuando duermo; anoche la vi… ahora sé quien es.
- ¿A quién viste mi amor?
- Lucía está aquí, anoche entró en mi habitación y luego saltó por la ventana… sé que no me estás creyendo; pero es cierto, ella estaba aquí, sentada en mi cama y me tocó el rostro, ella…
- Mi niña Bella, tal vez lo soñaste, yo sé que la extrañas mucho y eso hizo que pensaras que ella estaba aquí.
- Es imposible pensar que algún día me vayas a creer; pero ya no me importa, estoy mejor y podré defenderme sola.
- ¿Defenderte de quién?
- Anoche vi a mi hermana; pero no sentí su presencia, parecía otra persona, su sonrisa no era la misma….mi hermana era dulce y alegre; pero esa mujer era distinta.
- ¿Y por qué dices que era tu hermana?
- Era su vestido, su cabello, su sombrero, su perfil; pero no era su sonrisa, no era su bondad, no era ella.
- Tal vez fue un fantasma.
- No te burles de mi, si no me crees, por lo menos respétame; sé que estaba oscuro, peor yo sé lo que vi. Además un fantasma no abre puertas, no hace ruido al caminar.
- ¿Quieres que te ayude, o que le avise a alguien?
- Solamente cree en mí, no le digas nada a nadie.
- Lo que tú quieras Bella, duerme tranquila esta noche.
El cansancio vencía a la niña y sin darse cuenta la noche llegó, pero Bella no debía dormir, caminó y caminó en su dormitorio, el tiempo pasaba lentamente y la oscuridad no terminaba. Como no había dormido la noche anterior, el sueño la venció y poco a poco cayó rendida en el suelo.
Pasada la media noche, la misma mujer entró en su habitación, con más sigilo y cautela; una vez más le acarició el rostro con ternura, la levanto y la recostó en su cama; pero en un instante su actitud cambió, como si estuviera poseída sus ojos se inyectaron de odio y sus manos se empuñaron, se acercó al débil cuerpo de su “hermana” y la cogió de los brazos con fuerza, la estrujó como si se tratase de una muñeca de trapo, Bella despertó por el dolor y esto desconcertó a la mujer, la niña comenzó a gritar y todos en la casa despertaron; Lucía corrió a la ventana y saltó.
- ¡Papá, papá! ¡Auxilio! ¡que alguien me ayude!
- Hijita que te sucede, cálmate por favor.
- Papá ella está aquí y quiere lastimarme, fue igual que en mis sueños, pero ahora no estuve soñando, yo la vi…está aquí.
- Bella, tranquilízate, voy a llamar al doctor.
- No me dejes sola… ¿y mi mamá?
- Seguro está dormida, quédate aquí y no te muevas.
- No llames a ese doctor…papá, Lucía está viva. ella estuvo aquí.
- Hijita, tu hermana murió hace tres años.
- ¿Estás seguro?
- Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas están en el cementerio.
- ¿Incinerada?, yo nunca me enteré de eso, entonces no puede ser ella, hay alguien que está tratando de volverme loca.
- Mi niña Bella; tu hermana estaba muy enferma y ahora debe estar más tranquila.
- Por eso la mataste.
- Mi pequeña, sé que nunca vas a perdonarme por lo que hice; pero no quiero que te lastimes más pensando en tu hermana, ella murió hace mucho tiempo y es imposible que esté aquí… Alex me contó todo y ambos estamos muy preocupados por ti… ¿estás tomando tus medicamentos? ¿no tienes fiebre?
- Que te importa si estoy bien, acaso quieres verme mejor, tal vez quieres matarme igual que a Lucía, o quizás tienes miedo que le cuente a todo el mundo que eres un asesino… vete de aquí y dile a Alex que no quiero volverlo a ver.
- Alex y yo vamos a cuidarte hasta el día que tú…
- Hasta el día que me muera no es cierto.
Bella estaba sola, inclusive su novio la había traicionado, la niña temía a todo, la incertidumbre la estaba enloqueciendo, aunque tal vez ya estaba desquiciada.
Parecía que la dulce niña se había convertido en una criatura asustadiza, una persona intrigante, mentirosa e histérica; tenía pánico a su enfermedad, pero las cosas que decía no eran nada lógicas; Bella había perdido la cordura y en esa habitación su imagen reflejaba la desesperación de la que era presa.
En un rincón de su dormitorio dejó caer su cuerpo cansado y enfermo, vestida con su acostumbrada bata de dormir, los pies descalzos, el cabello desordenado y las manos inquietas, sus dedos delgadísimos se estrujaban unos a otros; de vez en cuando se acercaba la mano a los labios y la mordía con desesperación.
- Tengo miedo Dios mío, tengo miedo… ella volverá… ella volverá por mí… vendrá por mí.
Pasaron los días y la situación era prácticamente insoportable, Bella no permitía que nadie entre a su habitación, ya no comía y tampoco dormía. Su padre sufría al ver a su hija destruirse, Alex visitaba muy poco a Bella porque cuando subía a verla, ella le lanzaba lo que tenía a la mano; parecía que Raquel había logrado su objetivo.
- Buenos días hijita.
- ¡Qué haces aquí! ¡Vete de mi habitación papá!
- Tranquilízate no voy a quedarme, solamente vine a avisarte que iré a la ciudad a comprar tus medicinas, desde que el doctor se fue yo tengo que ir por ellas… te quedarás sola porque tu mamá salió muy temprano; si quieres algo puedes llamar a la muchacha.
- Está bien ya te escuché, ahora vete.
La niña se levantó y caminó hasta la ventana, se sentía tan sola y vacía, en ese momento solo quería desaparecer, nadie le creía y ella misma dudaba de su juicio.
- Desea algo señorita.
- No, no quiero nada, ¿Por qué subiste?
- Su papá me dejó encargado que la cuide y subí a ver si necesitaba algo.
- Tráeme un poco de fruta y agua; pero no me des esa agua que está en el recipiente blanco, quiero agua pura.
- Está bien señorita.
- Dime una cosa ¿estás trabajando sola?
- Si señorita, hace varias semanas el resto se fue yendo uno por uno, creo que tienen miedo que usted…
- Que los contagie no es cierto; no te preocupes por eso, mi enfermedad no es contagiosa, se llama Anemia Hemolítica.
- La verdad es que yo no sé de esas cosas señorita, yo trabajo aquí hace unos meses y nunca nadie me dijo nada, aquí todos son muy extraños ¿no?
- Si, aquí todos estamos locos.
- No señorita, no diga eso, usted es una buena persona, usted y su papá son muy amables conmigo, las que son extrañas son su mamá y su hermana.
- ¡Mi hermana! ¿cuando la viste?
- La veo muy poco señorita, ella es callada y casi ni me mira, es muy bonita con su cabello largo y clarito, se parece mucho a su mamá.
- Quiero que me digas cuando la viste.
- Desde que entré a trabajar aquí solamente la he visto unas seis o siete veces.
- ¿Dónde la viste?
- Una vez la vi entrando en el estudio, otra vez la vi en el jardín y un par de veces la vi en las escaleras, pero siempre de noche.
- ¿Estás segura que es mi hermana?
- En el salón principal hay un retrato de toda su familia y la señorita Lucía es la que yo vi.
- ¿Está bien? ¿se ve sana o enferma?
- Se ve muy bien, aunque actúa muy raro, a veces entra al estudio por la ventana y eso de que aparezca solo en las noches no es muy normal.
- ¿Alguien más sabe que ella está aquí?
- Si señorita, su mamá siempre me pide un vaso de leche fría para ella…señorita Bella ¿Usted no sabía que su hermana estaba viviendo en la casa?
- No, no lo sabía.
- Claro señorita, debe ser porque usted no sale de aquí, además esta casa es enorme y hay días en que ni siquiera se dan cuenta que yo estoy aquí…bueno me voy a la cocina para traerle lo que me pidió.
- No, no me traigas nada, solamente no le digas a nadie lo que conversaste conmigo.
- Lo que usted diga señorita, hasta luego.
¿Qué era lo que estaba sucediendo? ¿Quién estaba mintiendo? ¿Su padre, Raquel o la muchacha? Y si tal vez su hermana no estaba muerta ¿A quién sepultó su padre? y lo peor ¿a quién mató su padre?, la confusión se apoderó de Bella y la llevó a buscar la verdad enfrentándose a su madre, aunque tal vez hablar con ella sería en vano.
- Hola mamá.
- Me extrañó que mandaras llamarme, si no quieres ver ni a tu padre, supongo que mucho menos quieres verme a mí.
- Necesito hablar contigo.
- ¿De qué?
- De mi hermana.
- Que bueno, porque será una conversación corta, tu hermana enfermó y murió, fin de la historia.
- Sabes que no es cierto, mi hermana está viva.
- Vaya que estás loca de verdad y yo que pensé que sería difícil lograrlo.
- Lucía está aquí y tú lo sabes.
- ¿Quién te dijo tal estupidez? ¿fue el idiota de tu padre?, no, el no pudo ser porque él mismo la mató.
- Tú lo sabías, siempre supiste que él la mató.
- El imbécil de Arturo no pudo con su culpa y un día me confesó todo, la verdad me sorprendió, porque tu padre siempre fue un cobarde, pero lo hecho, hecho está.
- Eres cruel y malvada, yo prensé que querías a Lucía.
- Sabes hija, tus insultos no me interesan y si ya no tienes nada que decir, me retiro; además me voy tranquila porque veo que estás más desquiciada que antes y eso es bueno para mí. Tu hermana murió hace más de tres años y si no quieres creerlo, puedes ir al cementerio donde enterraron sus cenizas y verlo tu misma, pero no vayas de día, el sol destrozaría tu piel; mejor espera un poco, porque cuando mueras voy a enterrarte junto a tu hermana.
