BELLA OSCURIDAD
CAPITULO IV
El bosque era muy oscuro, las sombras paseaban sin dueño, los árboles cubrían el cielo y una pequeña luz se asomaba temerosa entre las ramas y hojas. En las noches de Luna llena, el silencio sepulcral se veía interrumpido por el alarido de una fiera herida y en cada rincón retumbaba el insoportable sonido del silencio.
A unos kilómetros de ese bosque se encontraba un parque de descanso, aquel cementerio en donde se hallaban los restos de las personas más acomodadas de la ciudad.
La casa de Bella era la única que quedaba relativamente cerca del cementerio; pero también estaba lejos de la ciudad, aislada de las miradas curiosas y de los murmullos molestos… aislada de la vida y de la esperanza.
- Papá, se que estuve tratándote mal… pero me sentía extraña porque nunca te creí capas de hacer eso; aún ahora no me cabe en la mente pensar que mataste a mi hermana; quiero tranquilizarme y tratar de continuar con mi vida o con lo que queda de ella.
- Bella, no debe ser fácil estar en tu situación; pero te comprendo y quisiera poder ayudarte.
- Quiero salir papá, necesito salir.
- Tú sabes que morirías si lo haces, debes cuidarte y últimamente te veo mejor, ya no estás tan pálida y Alex me contó que pudiste levantarte sin ayuda, todo es gracias a tu tratamiento y a los cuidados que tenemos contigo.
- Y si te digo que hace más de dos semanas que ya no tomo las medicinas y si te digo que ya no me pongo esas cremas y que ahora estoy comiendo lo que se me antoja, bebo agua pura y como carne cocida…
- ¡Tú estás loca!¿quieres matarte? Si sabes que todo eso te hace daño, en verdad no te entiendo; quieres que todo lo que hacemos por ti se vaya al diablo, hija tienes que seguir con tu tratamiento, mañana buscaré otro doctor y luego te llevaremos a un hospital, allí las enfermeras te cuidarán y te darán los alimentos que necesites, lamento decirte que yo no puedo cuidarte… confié en ti y me fallaste.
- ¡Acaso no te das cuenta! Estoy mejorando y es sin las medicinas ¡No puedes meterme en un hospital!
- Necesitas ayuda, además allí hay personas que te apoyarán y te harán ver que las cosas que dices que viste son producto de tu imaginación.
- ¡No estoy loca! ¡No necesito un hospital! Te necesito a ti, necesito que me creas y que me ayudes, puedes enmendar tu error conmigo, Lucía ya se fue pero yo estoy aquí; yo también soy tu hija, no me abandones, te lo suplico papá.
- Mi niña bonita, muy pronto estarás bien.
- ¿Vas a dejarme sola papá?
- No hijita, siempre estaré contigo; pero ya no puedo cuidarte aquí, necesitas ayuda profesional, lo lamento.
- Soy un estorbo para ti ¿no es cierto?, ahora quieres deshacerte de mí… no importa, solamente quiero que te cuides de mi madre, cuídate mucho papá, si ya no voy a estas aquí, cuídate por favor.
- Tu mamá te quiere tanto como yo.
- Si papá, ella me quiere mucho; sabes una cosa, quiero verla; puedes decirle que me suba un vaso con leche fría, dile que quiero hacer las pases con ella, no te olvides de la leche.
- Si hijita, me alegra que te sientas mejor y recuerda que quiero lo mejor para ti.
- Por supuesto papá, llama a mi mamá ¿si?
El tiempo se acabó para Bella y ya no podía descubrir lo que sucedía en su casa, si iba a hacer algo lo tenía que hacer ahora.
- Eres muy astuta niña.
- Te lo dije mamá, voy a descubrir lo que estás haciendo, ahora dime ¿De qué se trata todo esto?
- ¿Quién te dijo lo del vaso de leche?
- Mi hermana odiaba la leche, tú y todos en la casa lo sabíamos, entonces dime ¿para quién pides ese vaso con leche? ¿a quién ocultas en el estudio?
- Niña tonta, estás muy lejos de la verdad; pero no puedo negar que hiciste tu intento; ahora déjame en paz y alista tus maletas, tu padre ya me dijo que te internaremos en un hospital de locos, porque eso es lo que tú eres, una loquita.
- Si mamá, estoy loca y por eso intento revivir a alguien que quise mucho; soy yo la que sale todas las tardes y se va al cementerio para recostarse en la tumba de Lucía, soy yo la que deja una cinta con llantos y lamentos grabados, soy yo la que no acepta que Lucía está muerta.
- ¡No está muerta! ¡Lucía no está muerta!
- ¿Y quién está en esa tumba? ¿De quién son las cenizas?
- ¡Mi hijita linda no está muerta! Ella solamente descansa allí, en las noches ambas regresamos a casa y nos divertimos mucho en el estudio, bailamos y reímos, pero luego ella se va y me deja sola.
- Mamá, mi hermana sufría mucho y ahora está mejor, no intentes traerla a este mundo.
- Tú no la querías y es por eso que ella quiere castigarte, no fuiste una niña buena y ella regresa a recordártelo cuando duermes.
- ¿Cómo sabes que ella aparece cuando duermo?
- Lucía me lo cuenta todo, me dice que entra en tu habitación y me muestra como te castiga.
- Mamita, mi hermana ya no está aquí… por favor, mírame y entiéndeme, ella está muerta y no puedes hacer nada para remediarlo.
- ¡Mentira! ¡Cállate! Tú dice eso porque no la quieres; si no me crees, vamos ahora al cementerio para que veas que no está allí.
- Ya es muy tarde, falta poco para que oscurezca, además mi papá no me dejará salir.
- Tu papá se fue a la ciudad a buscar un doctor, no quiso esperar hasta mañana; ponte un abrigo y vamos a ver a tu hermana.
- Pero, yo no puedo caminar.
- No seas mentirosa, te oí pasear en las noches.
- Esta bien mamá, vamos.
- Espérame un momento aquí, te traeré algo para que te vistas, no puedes salir con esa bata de dormir.
La madre de Bella estaba realmente enferma, esto ponía en peligro la vida de la niña; pero ya no podía dar marcha atrás.
- Ponte esto.
- Este es un vestido de Lucía, ¿Dónde lo tenías?
- Yo guardo todas las cosas de tu hermana, además creo que ya te quedan.
- Está bien, me lo pondré; pero ¿podrías ponerte otra ropa?, ese vestido negro me pone nerviosa.
- Vístete rápido porque pronto oscurecerá.
Bella y su madre salieron de la casa; caminaron rápidamente hasta llegar al bosque, Raquel tenía la mirada clavada en el camino hacia el cementerio, sus manos sostenían un bolso de cuero negro y en su mente divagaban los recuerdos de su hija Lucía.
El sendero se iba cerrando y los árboles ya no permitían ver nada; el corazón de Bella latía apresuradamente, ella sabía que no debía estar allí; sin embargo a pesar de todo, amaba a su madre y al descubrir que se encontraba enferma con alteraciones mentales, se compadeció de ella.
- Estamos cerca, muy pronto verás a tu hermana.
- Mamita… ¿Quieres que te ayude? Sé que te sientes mal porque mi hermana Lucía se fue; pero yo puedo quererte tanto como ella.
- El cariño que yo sentía por tu hermana permitió que pudiera estar con ella ahora; sin embargo hay cosas que necesito y que nadie puede comprender… no quiero quedarme sola y sin dinero; tu padre solamente piensa en él y en sus hijas… sé que pronto se olvidará de mi; necesito estar segura en mi propio mundo.
- Mi padre y yo te amamos, te necesitamos.
Raquel enmudeció y continuó caminando; a los pocos minutos se encontraron ante la puerta del cementerio, el sol ya no se dejaba ver, el gélido viento golpeaba el rostro de Bella, su cuerpo se estremecía y no precisamente por encontrarse entre tumbas y mausoleos, sino porque veía la demencia de si madre de creer a su hermana viva.
Finalmente llegaron a la tumba de Lucía y Raquel rompió en llanto, se abalanzó al suelo y comenzó a arañar la lápida; Bella observó la desesperación de su madre, intentó levantarla pero aún se encontraba muy débil; lo único que pudo hacer, fue llorar junto con su madre.
- Mamá, levántate por favor; volvamos a casa y olvidemos todo.
- Nadie va a separarme de mi hija… cualquiera que lo intente, se irá con ella.
- Mamá vámonos a casa; pronto oscurecerá y ya no podremos cruzas el bosque.
- ¿Le temes a la oscuridad? ¿o acaso tienes miedo a otras cosas?, tendrías que temblar ante algunos sentimientos, la vida no te quiere.
- Por favor, no empieces, quiero ayudarte mamá.
- Existen personas que pueden ayudarme y tú no eres una de ellas… cuando sientas que ya no puedes respirar y que de tus labios ninguna palabra volverá a salir; ellos vendrán por ti, vendrán por tu alma y tu cuerpo.
- ¿De quienes estás hablando mamá?
- Voy a mostrarte, sólo quiero que esperes aquí un momento.
- No me dejes sola mamá, ya es muy tarde y está empezando a llover.
- ¡Quédate aquí!
