BELLA OSCURIDAD
CAPITULO V
Bella se quedó sola, de pie frente a la tumba de su hermana; tenía frío y el miedo quebraba su voluntad; no podía imaginarse lo que pasaba por la mente enferma de su madre. Se miró a si misma y vio con espanto que aquel sueño que tuvo hace varias semanas se estaba haciendo realidad; todo coincidía, ella vestida como su hermana, su madre vestida de negro y con una actitud agradable; entonces podría ser que ahora su madre vendría a lastimarla.
Intentando tranquilizarse, la niña se sentó en el suelo y comenzó a dibujar con sus de dos en la tierra; de pronto vio algo que le llamó la atención; en la lápida de la tumba había una escritura que alguien plasmó cuando la enterraron: “Quizás he muerto ante tus ojos, pero estoy viva en tu mente y en tu corazón; piénsame y volveré junto a ti”
- Que frase tan bonita… y tan triste.
- Tienes razón… Lucía la escribió.
- ¡Mamá! Me asustaste ¿A dónde fuiste?
- Te traje algo que nos va a ayudar a las dos.
- ¿De que hablas?
- Es algo que te hará dormir; tendrás la oportunidad de conversar con tu hermana y ella te explicará todo lo que pasó en verdad; ella te dirá que no quería morir… te dirá que nunca pidió que la maten… podrás saberlo todo ahora.
Raquel empezó a caminar muy despacio y se acercaba lentamente a Bella; la niña comenzó a retroceder y miraba a todas partes buscando a alguien que la ayude. Cuando Raquel se encontraba a un par de metros de ella, vio con espanto que sonreía mientras sacaba una jeringa de su bolso; Bella quería correr pero sus piernas no le respondían, el lodo cubría todo el suelo y la lluvia era demasiado abundante como para pensar en otra cosa; buscó una vez más a otra persona, pero todo fue en vano.
- Existen personas que viven en la oscuridad de la soledad, de la indiferencia; personas que aprender a disfrutar de la frialdad del egoísmo, tú jamás entenderás el por qué.
- Mamá ya no me asustes más, yo no tengo la culpa de nada que te haya pasado.
- Ven conmigo y serás una de esas personas.
- No quiero oírte más, no se te ocurra tocarme.
- Niña tonta, necesito la parte de tu herencia… lo lamento hijita, pero me estás estorbando.
- No te preocupes por eso, yo no quiero ningún dinero.
- Las cosas no funcionan así… legalmente tu padre tiene que repartir su dinero entre su esposa y sus hijas; solamente me quedas tú como estorbo, hazme las cosas más fáciles y no escapes de mí.
- ¿Por qué dices “solamente me quedas tú”?
- Quise no actuar directamente; pero te me fuiste de las manos, normalmente te hubiera tenido que matar otra persona… ese doctor me falló, él tenía que matarte pero no pudo hacerlo… y tu padre ya no se creería otra vez el cuento de la lástima.
- Sé que vas a matarme; no puedo escapar, apenas puedo caminar… solamente quisiera saber quien es la mujer que entra por las noches a mi habitación, quisiera saber como hacía Lucía para saltar por la ventana cuando estaba enferma, quisiera saber porque la mató mi papá…
- ¡Silencio Bella! Son demasiadas preguntas y ya no te sirve de nada saber lo que pasó…Lucía está aquí, vive en mí desde que murió para todos, yo nunca dejaré que ella se vaya… fui yo quien le pidió a tu padre que la mate, él creyó que era ella porque nos parecemos mucho y además estaba oscuro; luego a la media noche, yo puse a Lucía en su cama y él la mató.
- Tú la mataste mamá, tú fingiste ser ella; no puedo creerlo, si dices amarla tanto, porque lo hiciste.
- Amaba a tu hermana, pero prefiero el poder, el dinero de tu padre; además ella no ha muero, está aquí, jamás morirá para mi… ahora deja que te envíe junto a ella, este es un veneno efectivo, no te va a doler…
Sin pensarlo dos veces, Bella golpeó la mano de su madre para que soltara la jeringa y luego hizo un intento inútil de escapar; corrió lo más rápido que pudo, luchando contra el suelo resbaloso, el lodo y las tumbas sembradas en el piso. Corrió hasta la puerta sin mirar atrás, no podía ver casi nada por la lluvia, salió del cementerio y vio ante ella ese bosque abrumador y oscuro. De pronto una voz la llamó desde la puerta; era la voz de su hermana, volteó el rostro y vio a su madre parada encima del muro que rodeaba el cementerio.
- Bella, hermana mía, no te vayas, te necesito, ven conmigo y todo estará bien.
- ¡Mamá! Deja de hacer esto, ¡Cállate!
- No soy Raquel, soy Lucía tu hermana… ven conmigo, vuelve a mí.
- ¡Mamá estas loca! Completamente loca, baja de allí y volvamos a casa.
- Eres una muchachita caprichosa hija; voy a atraparte y ya no será una molestia… ¡hermanita ven conmigo! Nadie nos hará daño si estamos juntas.
- ¡Cállate Raquel! No entiendo lo que te pasa… ¡Quién eres, quién eres!
Raquel observaba la imagen de su hija, estaba embarrada de lodo, sin fuerzas para escapar. El muro era alto, pero Raquel saltó e increíblemente no se lastimó, cayó como una hoja llevada por el viento, luego se acercó a Bella.
- Tú eres la maldita que entraba en mi dormitorio, te disfrazabas como mi hermana para volverme loca, tú me golpeabas en las noches y luego saltabas por la ventana.
- No fui yo… tu hermana vive en mí, ella quiere llevarte a su mundo y vamos a ayudarla, todo estará bien ahora.
- Lucía escúchame, tú no me necesitas; déjame ir y nada te pasará… suelta esa aguja por favor.
- ¿Bella? ¿Hermanita? te extrañé mucho; no voy a permitir que nos separen otra vez, ven conmigo.
- ¡Nunca!- Bella golpeó a su madre con la poca fuerza que le quedaba y corrió al bosque.
- Me estás colmando la paciencia hija… sabes que no puedes escapar de mí... tengo que matarte no corras más…¡Bella! Vuelve aquí, tus piernas se cansarán y perderás el aliento, tus brazos sangrarán, no te ocultes de mí… ven, acércate, ven, ¡Maldita niña, ven! Si no te mato yo, lo harás tu misma… vuelve con tu mamita Bella, ven aquí… se te está acabando el tiempo.
Bella corría sin mirar atrás, sin embargo a donde quiera que iba podía oír la voz de su madre, parecía que estaba en todas partes o quizás se estaba acercando cada vez más; llegó a un claro del bosque y desesperada miró a todas partes, ya no escuchaba a su madre y tampoco podía continuar… sus piernas le temblaban y ya casi no tenía aliento, quiso seguir corriendo pero no sabía adonde ir; poco a poco fue cayendo al suelo de rodillas, ahogada en llanto de impotencia.
- Te dije que no podrías escapar; me obligaste a hacer esto, ahora voy a regalarte una nueva vida… iras a reunirte con tu hermana… ¡No me mires así! Tienes los ojos de tu padre, por eso te odio tanto, él solo piensa en su dinero y tú serás igual a él… en el infierno te están esperando, te irás con tu hermana.
- No…no me toques… déjame tranquila… tengo mucha lástima por ti…pero no puedo…permitir que lastimes a más personas… voy a acabar con todo esto ahora.
- Vaya que eres fuerte niña, aún te quedan palabras para amenazarme; pero ya no te servirá de nada.
- No solamente puedo hablar… también puedo moverme.
Bella se abalanzó sobre su madre y forcejeó con ella; como Raquel estaba sana pudo safarse de su hija, la cogió de los brazos contra el suelo, luego la golpeó contra una piedra como si fuese su peor enemiga, Bella estaba a punto de desmayarse, pero no podía morir así, hizo un último esfuerzo para defenderse de los golpes, arañó con furia el rostro de Raquel y se soltó; se estiró hasta alcanzar la jeringa que estaba cerca de allí.
- Perdóname mamá, perdóname.
Bella clavó la aguja en el pecho de su madre; inundada en lágrimas inyectó el veneno a Raquel y esta cayó lentamente encima de ella.
- Lo hiciste… lo hiciste, ahora eres como yo… gracias hija.
- Mamá, mamita te quiero.
Bella abrazó el cuerpo agonizante de su madre, le pidió una y mil veces perdón y se quedó allí no sé cuanto tiempo, mirando el velo oscuro de la noche.
Cuando se cansó de llorar, regresó a la realidad, empujó el cuerpo inerte de Raquel y poco a poco se puso de pie, estaba visiblemente golpeada y completamente manchada de lodo y culpa.
Eran casi las diez de la noche, la lluvia parecía inacabable y entre los árboles se podía distinguir la sombra de Bella arrastrando el cadáver de su madre hasta el cementerio; con la mirada perdida y con la boca sangrando llegó hasta la tumba de su hermana.
- Lucía… nuestra madre te amaba y por eso la traje aquí junto a ti, quiero que estén juntas… cuídala mucho, porque yo no pude hacerlo… adiós hermana.
Bella escarbó en la tumba de Lucía, lo hacía con furia, rabia y dolor. Cuando ya no sentía sus manos y cuando las uñas se separaron de sus dedos, dejó de escarbar; levantó el cadáver de su madre y lo recostó en ese agujero.
Tenía el alma destrozada, toda su existencia estaba siendo enterrada con sus propias manos, aquella mujer que le dio la vida, era a la que ella había matado.
Sin darse cuenta como, Bella cruzó el bosque y lo único que quería era olvidar todo lo que pasó; faltaba muy poco para que amanezca y a lo lejos se divisó la abatida silueta de la niña.
- ¡Dios mío! que ha pasado contigo ¿Adonde fuiste hija? ¿Qué te pasó? ¿Estás herida?
- Todo está bien papá, ahora estaré bien.
- Pero si estás ardiendo en fiebre… voy a llevarte a tu dormitorio… llamaré a tu madre, no me di cuenta en que momento saliste.
- Tampoco te diste cuenta que me estaban matando, no te diste cuenta de lo que hacía mi madre, no te diste cuenta que no fue mi hermana quien te pidió que la mataras… solamente te preocupas de tu dinero y de cómo hacer para tener más… perdiste a tu familia y no te diste cuenta… estás solo papá; ahora te quedarás solo con tu dinero… no creíste en mí, ni tú ni Alex creyeron en mí, pensaron que estaba loca y quizás ahora tengan razón… si realmente me hubieras amado, no me hubieras abandonado, casi me matan y no te diste cuenta.
- Mi Bella, perdóname si te descuidé, pero ahora estarás mejor, ya conseguí otro doctor.
- ¡No entiendes nada!… nunca entenderás nada… no estoy enferma papá, nunca lo estuve; mi madre y ese doctor me estaban enfermando, ¡Mírame!, acaso no te preguntas que hice, te parece normal que llegue golpeada y sangrando, ¡Habla, dime algo! No te me quedes mirando… tú no me quieres, siempre fuiste un triste títere de mi madre… ya no te necesito, es demasiado tarde para ti… demasiado tarde.
Bella se recuperó completamente, pero tuvo que ser internada en una clínica mental; su padre se encerró en su dolor y una tarde se suicidó en su oficina.
Hasta que extremo puede llegar la desesperanza; tal vez existan cosas que aún no podemos entender, pero lo que si se sabe es que nadie soporta la soledad, todos necesitamos a alguien que nos escuche, que nos mire, que nos crea; si estás solo, no podrás continuar… al poco tiempo sentirás que te asfixias, te sentirás débil y morirás de desesperación.
La lluvia empieza a caer una vez más y me encuentro sentada en una calle de la cual no recuerdo su nombre; la frialdad penetra en lo profundo de las almas y toda la gente camina sin saber a donde van. Al final de la calle una luz parpadea y yo sin poder hacer nada, veo como agoniza; estoy sentada en medio de la nada, pensando en si estoy sola o no; tal vez tengo muchas cosas en que pensar, pero hoy no tengo tiempo…
FIN
