Publicidad:
La Coctelera

SOLAMENTE AZUL

Poesías, relatos y demasiados versos escritos sin inspiración.

10 Octubre 2006

ASESINO PERFECTO ( Segunda Parte )

Definitivamente Andrés no podría seguir con la mentira, Eduardo seguía enceguecido por la obsesión de encontrar ese “Diamante”, Mariana se estaba volviendo loca de la desesperación, Pablo seguía con su paso callado y sin hacer nada extraño, pero José era el único que parecía no importarle nada de lo que estaba pasando, él siempre fue más amigo de Eduardo y en la mayoría de los casos hacía todo lo que su amigo decía.
- Falta poco para llegar al otro pueblo, pero también falta poco para que oscurezca así que no nos vamos a arriesgar, acamparemos aquí y mañana continuamos.
- Eduardo yo no puedo dormir sola porque me voy a morir de frío, porqué no dormimos todos en una carpa.
- No cabemos pues flaca, con las justas entran tres personas, oye verdad y ¿Anoche como dormiste?
- Casi no dormí me la pasé caminando preocupada, en cambio ustedes roncaban como cerdos.
- Aguanta, aguanta, no todos estábamos durmiendo, Eduardo, Andrés y Pablo se metieron en la carpa y tú ni siquiera armaste la tuya; yo me metí en mi bolsita y me la pasé mirando el cielo.
- Yo no quería dormir porque tenía la esperanza de que Sebastián iba a regresar en la noche; hasta me puse su casaca para que no me hiciera frío.
- ¿Su casaca?, ¿Te pusiste la casaca de Sebastián?
- No, no quise decir eso, me puse una casaca extra, eso es todo.
- Andrés, ¿por qué te preocupa tanto la casaca que se puso Mariana?
- Por nada Pablo, por nada.
- Ya están hablando babosadas, acampemos de una vez, ya me están aburriendo con sus niñerías. José, ven conmigo para traer agua, y el resto se queda aquí no quiero tener problemas, nadie se mueva.
- Eduardo creo que te estás desesperando mucho, no le hagas caso a Mariana, es una niña engreída y no sabe lo que dice.
- Tienes razón José, ya me está aburriendo con su facha de niña buena y preocupada, por mi que se vaya al diablo.
- Tranquilo, vamos al río a traer unos pececitos de colores.
- Ja, ja tontín.

El resto del grupo se quedó en el lugar que les había indicado Eduardo, armaron dos carpas y comenzaron a prender una fogata. Paso un buen tiempo y los muchachos no regresaban, poco a poco el resto se empezó a preocupar.
- Como que ya se están demorando mucho.
- Si Pablo, ya es mucho rato, creo que tenemos que ir a buscarlos.
- ¿Qué cosa?, a mi no me dejan sola aquí.

En el río Eduardo y José se les había ocurrido ponerse a pescar bichos, aunque ya eran unos jóvenes todavía tenían un comportamiento infantil y no se percataron que ya se habían demorado mucho.
- Pucha José, se nos hizo tarde, vamos de una vez.
- Aguanta un toque, estamos cerca, de aquí se ve la carpa de Andrés; quedémonos un rato más.
- No, José ya es tarde vamos.
- Adelántate, yo te alcanzo en cinco minutos.
- No te demores, mira que no quiero otro desaparecido.

Eduardo regresó al campamento llevando el agua, y mientras caminaba se le vino a la mente todo el dinero que obtendría cuando encuentre el dichoso diamante y sin darse cuenta llegó al campamento.
- Ya llegué, ¿chicos?
- Por fin se aparecen.
- ¿Dónde está el resto? ¿Pablo y Andrés?
- Fueron a buscarlos, y no se les ocurrió mejor idea que dejarme sola. ¿Y José?
- Ya viene estaba detrás de mí.
- No debiste dejarlo solo, y si se pierde.
- Por dios Mariana, esta acá nomás, es cerca. Ahora a que hora se aparecen los otros.
- Todo esto me asusta, ya no quiero que nos separemos, tengo miedo que desaparezcan como Sebastián.
- Tranquila flaca, tranquila.

Andrés regresó a reunirse con Mariana y Eduardo.
- Mira pues, con que aquí estabas, y yo que fui en tu rescate.
- Que chistoso, ahora ven para acá.
- Que pasa por que tan misterioso.
- No sé que está pasando aquí chato, José venía detrás de mi y ya se demoró mucho, no quise asustar a la flaca, pero ya me estoy preocupando.
- Eduardo, a mi también se me perdió Pablo, pero ese tío si se conoce todo el bosque de seguro que ahorita llega.
- Ese tío es bien raro también, vamos con Mariana no vaya a ser que se desaparezca también.
- ¿Y que dice el frío flaca?
- Que graciosos que son, díganme que fueron a chismear allá.
- Nada, nada, no te pongas celosa.
- Oye, no que José venía detrás de ti.
- No sé, seguro se le escaparon los bichos.
- ¿Bichos?, dime lo que quieras, pero admite que algo raro está pasando aquí, o acaso me están jugando una broma.
- Ya, tranquilos todos, esperemos un rato más.
- Me parece haber escuchado eso antes.
- Andrés no me ayudas con tu comentario.
- Okey, no me hagan caso.

La noche cubrió completamente el bosque y ni José ni Pablo regresaron al campamento. Los muchachos se pasaron la noche gritando los nombres de sus amigos, pero solo la incertidumbre les contestaba.
- Tenemos que llamar a la policía, esto ya es demasiado. Eduardo no me digas que esto es normal, sabes que no es así, hay un psicópata suelto en el bosque.
- No es eso Mariana, los patas solamente están perdidos, este bosque es famosos por eso, la gente se pierde muy fácilmente aquí.
- Eduardo, creo que Mariana, tiene razón, la policía tiene que saber lo que le pasó a Sebastián.
- ¿Qué le pasó a Sebastián?¿Ustedes dos me están ocultando algo? Hablen de una vez o no respondo.
- Tú y tu boca Andrés.
- Ya Eduardo esto ya no es un juego, tenemos que salir de aquí.
- Fue ese loco de Pablo ¿no? Ese viejo loco le hizo algo a Sebastián, donde encontraron su cuerpo.
- ¿Su cuerpo?, que cosas dices Mariana, no encontramos nada de eso, creo que tu flaco se ahogó, lo único que encontramos fue su casaca en el río.
- ¿Su casaca? ¿Solo encontraron eso?
- Si nada más. Pero pensándolo bien, creo que tus sospechas tienen algo de cierto, El tío Pablo no estaba cuando Sebastián despareció, y ahora tampoco está justo cuando José se hace humo.
- No hables así Eduardo, Pablo es extraño pero no creo que tenga razones para hacerles daño a los chicos.
- No seas inocente Andrés, parece que todo tiene lógica, el viejo quiere el Diamante para el solo, pero nosotros le estorbamos, es por eso que se va a deshacer de todos.
- Que cosas dices Eduardo, eso no tiene lógica, más parece un cuento de terror, en todo caso tú también entras en el cuentito, tú fuiste el último en ver a José y nadie puede asegurarnos que no le hiciste nada.
- Que pavadas hablas, yo no le hice nada.
- Ves que no se pueden decir cosas así por así.
- Ya cállense los dos, yo apoyo a Eduardo, el viejo es el culpable de todo, tenemos que denunciarlo a la policía.
- Entonces recojamos todo y vayámonos, este lugar ya me está dando miedo, y ya casi está amaneciendo.

Eduardo, Andrés y Mariana se fueron rumbo al pueblo más cercano con la intención de denunciar la desaparición de sus amigos, pero el viaje aún no había terminado.
- Andrés quiero hablar contigo.
- Que quieres Eduardo, no quiero más problemas.
- Quiero que lo pensemos mejor, si vamos con la policía nos van a llenar de preguntas y nos regresarán a nuestras casas; todo nuestro esfuerzo se irá al diablo, tú que tuviste un montón de paltas para salir de tu casa, tu viejo te va a matar.
- Si, de seguro que me mata, él no quería que yo venga.
- Ves, ambos tenemos mucho que perder si regresamos, en cambio la tonta de Mariana, vino por seguir a su flaco, ella es una hijita de papá que no le importa nada esto.
- No sé que quieres hacer.
- Sigamos como si nada hubiera pasado, el Diamante puede ser nuestro, nos falta poco para llegar a la dichosa cueva en donde está escondido.
- No creo poder seguir, tengo miedo, es posible que lo que nos dijeron sea cierto, nadie logra llegar hasta allá, es por eso que nuestros amigos están desapareciendo, es ese bendito Diamante el que los está matando.
- No seas ridículo, no es eso, hagamos como si nada estuviera pasando; llegamos al pueblo, despistamos a Mariana y la dejamos; no creo que nos siga, está muy afectada por lo de su flaco.
- ¿Dejarla? No me parece correcto.
- Terminemos esto de una vez, ella nos está estorbando. Además de seguro que llama a su papi y la viene a recoger al toque, no va a pasar nada chato.
- Y si ella le cuenta todo a la poli.
- No hay problema, para ese entonces ya estaremos recontra lejos de allí.
- Creo que no nos queda otra, hagámoslo nomás y que sea lo que Dios quiera.
- O mejor, lo que el Diablo quiera.
Llegaron al pueblo casi al anochecer y con engaños dejaron a Mariana en una casa de hospedaje, luego ocultándose entre las sombras de la noche, se fueron sin que nadie los viera.
- Eduardo, espero que la flaca no nos eche la culpa de todo.
- Esa flaca es recontra miedosa, no creo que quiera meterse en problemas, no te digo que es una “hijita de papá”.
- Ojalá tengas razón, no quisiera tener a la policía encima.
- Tranquilo Andrés, todo saldrá bien, ahora sin nos vamos a podrir en plata cuando encontremos el dichoso Diamante.
- Será lo que tú digas amigo.

Tags: historias

servido por maribelleny sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Ya no existo, no oigo mi respiración, no veo mi sombra y mi aliento no se dibuja en el vidrio. Dime si alguna vez existí; tal vez solo lo imaginé, sería una lastima si fuera así, por favor, te pido que contestes mis preguntas; o es que acaso, tampoco tengo voz.

Últimos comentarios

Fotos

maribelleny todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Categorías

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera