ASESINO PERFECTO (Primera Parte)
Te sentí respirando en mi cuello, enfurecido y sin sentimientos, buscando el momento preciso para desgarrar mi confianza, para clavar esa daga de odio y codicia; te vi furioso, enceguecido con tu propia razón. Quise pensar que éramos felices con lo que teníamos; pero no fue así, siempre quisiste más y no te importo asesinar mi esperanza a cambio de unas monedas inmundas y mustias.
Eduardo era un muchacho alegre y amiguero; pero siempre quiso tener más de lo que necesitaba. Existía un rumor en la ciudad, que hablaba acerca de la existencia de un tesoro maravilloso que se encontraba oculto en una cueva que quedaba en donde todos los bosques terminaban y a donde nadie se había atrevido a ir; Eduardo creyó que él podría encontrar ese tesoro alucinante y decidió ir en su búsqueda con sus amigos.
La existencia de ese tesoro, que no era más que un mito, decía que existía un diamante gigante, muy parecido al Cullinan de Sudáfrica, el cual estaba oculto hace muchos años, además se decía que nadie podría encontrarlo debido a que cambiaba de ubicación según las intenciones de la persona que lo estaba buscando.
Diamante significa “invencible” y Eduardo creyó que él lo era; buscó a José su mejor amigo y luego fue a buscar a Sebastián.
- No Eduardo, esas son solo historias.
- ¿Historias?, no seas cobarde Sebastián, no te imaginas la cantidad de cosas que podríamos hacer con el dinero que vamos a tener; es tanto que va a alcanzar para los tres de sobra.
- Eduardo no seas fantasioso, nadie ha visto ese bendito diamante; todos dicen que han llegado cerca, que casi, casi lo tocan; pero nadie dice en donde está.
- Tú crees que van a decir algo, en este preciso momento deben estar tratando de regresar para allá.
La conversación de Eduardo y Sebastián fue interrumpida por Andrés, un compañero de la universidad de Eduardo y amigo en común de ambos.
- Eso es mentira, nadie trata de regresar, todos los que con suerte volvieron, juran no volver a ese bosque.
- ¿Andrés?, que sorpresa, que raro verte por aquí.
- Si pues, vine a visitar a Sebas y te encuentro aquí, no te veía hace tiempo Eduardo.
- Cómo es la vida, no pensaba encontrarme contigo.
- Así que estás intentando ir en busca de ese diamante, no me gusta creer en historias de viejos, pero de todas formas me parece que no es una buena idea; muchos lo han intentado y terminan sufriendo accidentes o cosas por el estilo, en fin, nadie quiere regresar al bosque de la Codicia.
- ¿Bosque de la Codicia?
- Si Sebastián, así lo llaman; es el último bosque que hay que cruzar antes de llegar a esa cueva, pero son tan pocos los que han llegado hasta allí, solamente los más codiciosos.
- Y por supuesto nosotros llegaremos más allá. No es así amigos.
- No me parece buena idea Eduardo. ¿Tú irás Andrés?
- Pensándolo bien, creo que iré para proteger a este loco.
- ¿Loco yo?, eso si que no.
- Entonces que dices Sebastián.
El silencio de Sebastián fue interrumpido por la llegada de Mariana, su enamorada, una muchacha que difícilmente pasaba desapercibida; era alta, delgada y una mirada tan atractiva que los tres jóvenes se quedaron callados.
- Hola chicos, que bueno verlos juntos, sobre todo a ti Andrés, no te veía hace tiempo.
- Hola Mariana, ¿Cómo estás?
- Bien chicos, bien, ¿de qué estaban hablando?
- Cosas de hombres.
- Hay Eduardo tú siempre tan especial, ya pues díganme.
- Mi amor, Eduardo quiere que vayamos en un viaje de aventura, en busca del Diamante ese del que hablan las tías en el mercado.
- No se diga más, entonces ¿Cuándo salimos?
- ¡Que cosa!, tú no vas a ninguna parte, solamente vamos a ir nosotros.
- No seas así Eduardo, yo quiero ir con ustedes.
- Si Eduardo, además si ella no va, yo tampoco voy.
- Está bien, esta bien; pero yo no pienso cuidar a ninguna niñita.
- Que bueno que vengas con nosotros Mariana.
- Gracias Andrés.
El grupo de jóvenes salió de la ciudad en busca de una leyenda, una historia que nadie pudo confirmar; pero lo que si era cierto, era que todos los que habían ido, encontraban en su camino sus verdaderas pasiones de ambición y codicia.
- Detengámonos aquí, hay que comprar unas cosas.
- Yo quiero unas galletas integrales.
- Esa niña estúpida me tiene aburrido con sus tonterías.
- No le hagas caso Eduardo.
- Buenos días, queremos algo de provisiones.
- Buenos días muchachos, ¿se van de paseo?
- Nadie viene de paseo a este bosque o si.
- Definitivamente no, me llamo Pablo, conozco estos lugares más que cualquiera, muchos viene por aquí en busca de ese diamante; pero terminan perdiéndose la primera noche.
- ¿No hay mapas?
- No te servirían de nada, estos bosques cambian con los años, en donde habían caminos hay ahora pantanos o simplemente los cubrieron las hojas y ramas de los árboles.
- Si pues Pablo, los bosques son impredecibles; pero a mi me parece que con una persona como usted de guía, es muy difícil de perderse. Me llamo Eduardo y mi callado amigo es Andrés.
- Mucho gusto muchachos, espero que les vaya bien.
- ¿No le gustaría venir con nosotros?, no regresaremos sin ese diamante.
- La verdad, siempre quise ir, pero no podía ir solo, pero si me permiten acompañarlos, iré con gusto.
- Entonces guardemos todas estas cosas y vamos.
Una persona más se unió a esta insensata búsqueda, Eduardo era capaz de invitar hasta al mismísimo demonio con tal de que lo ayuden a encontrar ese diamante con el que soñaba cada día más.
- ¿Y quién es él?
- Venía gratis con tu paquete de galletas.
- Que gracioso Eduardo, ya pues, explíquenme.
- A ti hay que explicarte todo, él es Pablo y va a ser nuestro guía.
- Mucho gusto señorita.
- Esta bien, vámonos la noche se nos puede adelantar.
Poco a poco se fueron internando en el primer bosque que tenían que cruzar, todos caminaban siguiendo a Pablo; pero en sus mentes un ligero temor a lo desconocido los agobiaba, poco después del almuerzo, decidieron conocer un poco la zona y se separaron con el compromiso de encontrarse en el mismo lugar en una hora.
- ¿Dónde está Sebastián?
- ¿No está aquí?, pensé que ya había llegado.
- Pero si los dos estaban juntos Mariana.
- Yo me quedé atrás porque no podía caminar en las piedras, creí que se había adelantado y es más me molesté un poco por que él me dejó.
- Tranquilos muchachos, Andrés y yo iremos a buscarlo, aunque ahora que me doy cuenta el viejo Pablo tampoco ha llegado.
- Eduardo, tengo miedo de que algo malo le haya pasado.
- No te preocupes Mariana, de seguro solamente se perdió, ese siempre ha sido un despistado, esperen aquí. José tú te quedas y me llamas al celular si él llega antes que nosotros, cuida a Mariana.
- Encuéntralo por favor.
Después de haberse separado en el camino, Sebastián no llegó a reunirse con el grupo, sin embargo también faltaba Pablo, ese hombre misterioso que se les había unido en el viaje.
- Muchachos, por fin llegué, pensé que no lo lograría.
- ¡Pablo!, ¡Dónde está Sebastián!
- Que pasa niña, no sé de que me habla.
- Sebastián aún no llega y tú eres el único que faltaba del grupo, ¿Dónde estabas?
- Me desubique, y llegué junto al río, allí se me ocurrió traer un poco de agua y por eso me demoré.
- ¿Así? Y donde está el agua.
- Me resbalé y se me cayó la botella.
- Sabe una cosa, no le creo nada.
- Y tu sabes una cosa niña malcriada, no tienes ningún derecho para venir a tratarme así, además ¿cómo sabes que le ha pasado algo malo a Sebastián?
- Es un presentimiento nada más.
- Ya basta, tranquilícense los dos, esperemos que lleguen Eduardo y Andrés.
- Tienes razón José, hay que esperar, nada ganamos con desesperarnos.
- A mi no me parece que nos quedemos aquí tranquilos.
- Mariana, quieres que vayamos a buscarlo y nos perdamos también, no ves que está oscureciendo.
- Me preocupa demasiado, presiento que no está bien, compréndame por favor.
Las horas pasaban y Sebastián no aparecía, la espera se estaba volviendo desesperante para su enamorada y sus amigos.
- Nada, no lo encontramos.
- No puede ser, sabía que algo malo le había pasado.
- Está muy oscuro y es peligroso seguir buscándolo, creo que lamentablemente tenemos que esperar hasta mañana.
- ¡No! ¡Están locos! Y si está atrapado en alguna trampa, puede morir de frío, y de hambre, tenemos que encontrarlo.
- Mariana, es imposible seguir buscándolo, no se ve nada, si volvemos al bosque todos nos extraviaríamos.
- Eduardo sé que le ha pasado algo malo, lo siento, por favor no lo dejen allí.
- Eduardo tiene razón niña, ya no podemos hacer nada, la noche nos ganó por ahora. Mañana tendremos más oportunidades para encontrarlo.
- ¡Cállese viejo loco!, usted tiene algo que ver con la desaparición de mi novio, por eso no quiere que lo sigamos buscando.
- Mariana cálmate un poco, por favor, no ganas nada desesperándote, deja a Pablo en paz. Descansemos un poco y ya veremos lo que hacemos en la mañana.
Casi nadie pudo dormir en la noche, pensando en la suerte que había corrido Sebastián, todos esperaban que en cualquier momento él llegara a reunirse con ellos, pero la noche pasó y no se supo nada de él.
- Tenemos que regresar por donde vinimos y si no lo encontramos volvemos al pueblo para avisar a la policía.
- Creo que Mariana tiene razón, busquemos un rato más y después volveremos al pueblo.
Eduardo reaccionó sorpresivamente ante la decisión de José.
- ¡Qué les ocurre!, esto no es un paseo, hemos llegado muy lejos como para regresarnos, Sebastián solamente está perdido y es muy probable que se haya regresado al pueblo. No tenemos porque regresar sin haber conseguido lo que vinimos a buscar.
- ¡Estás completamente loco Eduardo!, no podemos dejar a Sebastián solo en el bosque, si fueras tú no te gustaría que te abandonemos, tenemos que encontrarlo.
- Andrés, no estás pensando bien en todo, dime cuanto dinero hemos gastado para estar aquí, además si no lo recuerdas Sebastián no quería venir con nosotros, de seguro que se regresó, ese siempre fue un miedoso.
- Eduardo pensemos en otra posibilidad, que tal si en verdad le ha sucedido algo malo, nadie sabe lo que ha pasado con él; por un momento piensa en que Mariana puede tener razón.
- Okay, okay, hagamos una cosa, vamos a votar, ¿Quiénes quieren seguir? Y ¿Quiénes quieren volver a buscar al tontín de Sebastián?
- Yo quiero volver por mi novio.
- Sinceramente me preocupa Sebastián, pero no voy a dejar todo por él, yo seguiré a Eduardo.
- Me vas a disculpar Mariana pero yo también pienso igual que José, también me preocupa Sebas, pero invertí mucho en esta locura; te prometo que cuando lleguemos al otro pueblo le avisaremos a la policía.
- Muchachos, desearía no votar, porque yo no soy parte de su grupo de amigos, lo que decida la mayoría será lo que yo haga.
- Son unos cobardes, malos amigos… no puedo creer que abandonen al que llaman su amigo, esto no se los perdonaré nunca.
- Mariana, no quiero que vuelvas sola por el bosque, ven con nosotros y esperemos que Sebastián se cuide solo.
- No creas que estoy de acuerdo contigo Andrés; voy con ustedes solamente porque no conozco el camino… nunca debí convencer a Sebastián para que venga con ustedes.
Injustamente el grupo reinició el viaje, dejando a su amigo abandonado en el bosque; nunca podremos saber a que extremo nos puede llevar la codicia.
- Eduardo quiero hablar contigo.
- Ok, tú dirás viejito.
- Ayer Mariana me acuso de haberle hecho algo a Sebastián, y la verdad no la culpo, yo no soy una persona de confianza para ustedes, creo que lo mejor sería que ya no siga con ustedes.
- Pablo no seas tonto, la flaca está triste por que Sebastián la dejó sola, por eso te dijo esas cosas, no te preocupes que yo hablo con ella; sin paltas Pablito, todo se va a arreglar.
- Hey, hey chicos, vengan por aquí, creo que hay algo en el río.
- Aguanta Andrés que te emociona tanto, vamos Pablo, que habrá encontrado ese loco.
Andrés se había separado un poco para traer agua y le pareció ver un objeto conocido.
- Habla loco, porque tanto alboroto.
- Mira haya abajo Eduardo, parece una mochila o una casaca.
- Vamos pero caleta, no quiero que la histérica de Mariana nos siga. Pablo regresa con José y la flaca para que no sospechen nada.
- Eduardo creo que es la casaca de Sebastián.
- Primero acerquémonos y después hablamos.
Eduardo y Andrés corrieron río abajo y enredada en unas ramas encontraron la casaca de Sebastián.
- Oye Eduardo, ¿Tú que crees?
- Este idiota resbaló y se ahogó en el río.
- Maldición, ¿Qué vamos a hacer ahora?
- Nada, solamente no les digamos nada a los chicos, tú sabes para que no se asusten, maldita sea, que rabia.
- ¿Y si no esta muerto?, tal vez solo se le cayó su casaca.
- Claro y se la sacó en la noche porque le hacía mucho calor, no seas pues, en las noches el río sube su caudal y aunque él sabía nadar no creo que haya sobrevivido.
- No me parece bien ocultarle esto a los chicos, me voy a sentir muy mal.
- No seas así Andrés, solo olvídalo y ni una palabra de esto a la policía si es que nos preguntan.
- No sé porque pero me parece muy rara tu reacción.
- No me vengas con cojudeces a mí, yo no estoy actuando raro, lo hago por ustedes, si averiguan lo que pasó de seguro que nos meten a la cana, piensa pues.
- Esperemos que no pase nada malo, y ¿Qué hacemos con el tío Pablo?
- Hay que decirle que no pudimos ver lo que era porque el río se lo llevó antes de que lo alcanzáramos.
Al parecer Eduardo y Andrés habían encontrado alguna evidencia de que a Sebastián le había pasado algo malo, pero ambos decidieron callar para que no se suspenda el viaje, sin querer se estaban metiendo aún más en el mundo del Diamante de la Ambición.
- Andrés yo me voy a quedar en el próximo pueblo, no puedo seguir más con esta angustia, quiero saber donde está Sebastián.
- Mariana no te pongas así, tenemos que seguir juntos.
- Ese viejo me da mala espina, me parece que oculta algo. Cuando Sebastián desapareció, justo Pablo tampoco estaba y luego se apareció con una excusa que ni él mismo se la creyó, presiento que tiene algo que ver.
- No te imagines cosas flaca, esperemos a ver lo que sucede.
