Publicidad:
La Coctelera

SOLAMENTE AZUL

Poesías, relatos y demasiados versos escritos sin inspiración.

10 Octubre 2006

ASESINO PERFECTO (Cuarta Parte)

Una vez más estaban reunidos con Sebastián, quién extrañamente apareció después de cinco días sin saber explicar en donde había estado; sin embargo a Eduardo no pareció importarle esto ni tampoco la confesión que le había hecho Mariana. Todos juntos continuaron caminando ya sin saber en donde se encontraban, solamente caminaban sin mirar hacia atrás; pero el viaje no tenía cuando acabar.
- José amigo mío, trata de recordar que es lo que pasó.
- Andrés todo esto me asusta, hay algo raro aquí; solo recuerdo que estaba mirando al río y sentí mi cuerpo desvanecerse, después desperté en el bosque y caminé hasta encontrar a Eduardo.
- Pero hay un montón de distancia desde donde te perdiste hasta aquí; definitivamente todo esto es raro.
- Oye cuéntame lo del tío Pablo.
- Él también desapareció, Mariana nos hizo creer que lo habían metido preso, pero nada que ver, hasta ahora no sabemos en donde está.
- Este bosque tiene algo extraño, hasta el aire es difícil de respirar, parece que no estamos en la realidad; todo esto me parece como un sueño, un horrible sueño.
- De verdad no recuerdas nada más, es todo lo que puedes recordar.
- Tengo en mi mente cosas tan confusas, imágenes sin sentido, cosas que no logro entender; pensé que estaba en otro lugar cuando desperté pero al encontrarlos comprendí que todo seguía como antes.
- No José nada es como antes; ya no somos los mismos de antes; Eduardo se consume por la codicia de tener ese Diamante del demonio, Mariana solamente dice un montón de ridiculeces y Sebastián parece un muerto en vida, no come ni dice nada de lo que le pasó.
- Y tú Andrés, tú como te sientes.
- Ya no sé ni que está pasando solamente quisiera regresar a mi casa y olvidar todo esto, nunca quise que nos separemos, es la codicia del Diamante lo que nos está matando a todos.
- ¿Quieres volver a tu casa?
- Más que eso, quisiera que todos estuviéramos bien, que nada nos separe nunca más.
- Tú eres un buen amigo, el único que merece vivir.
- ¿Qué? Que tonterías estas diciendo.
- No me entiendes, me refiero a que eres el único que piensa más en los demás que en si mismo; eres un buen hombre Andrés, algún día comprenderás que tu lugar no está aquí.
- Estás filosofando o algo así; estás hablando bien raro. En fin, vamos a juntarnos con el grupo, creo que ya es hora de acampar, antes de que la noche nos atrape.
- La noche ya nos tiene entre sus manos.

José y Andrés se acercaron al resto del grupo y todos se acomodaron en un claro del bosque; esta sería la noche más larga de sus vidas.
- Mariana ¿ya estás más tranquila?
- Hay algo muy raro en todo esto, tengo que contarte algo más Eduardo.
- ¿Qué, algo más?
- Si, solo cállate y escúchame con atención; cuando me dejaron en el pueblo, salí a caminar después de quedarme dormida y no había nadie en las calles, todo el pueblo estaba vacío y por más que llamaba a las puertas nadie me contestaba.
- Serio, no me estás engañando.
- Claro que no; después de eso me asusté mucho y corrí hasta encontrarlos; no les dije nada porque sabía que no me creerían; pero ahora esto es peor, sé que nada de esto es real, puedo sentirlo; sólo quiero que te fijes muy bien en José y Sebastián, están actuando muy raro, esto no es normal.
- Flaca, la única que está actuando raro eres tú, yo no voy a dejar todo por un presentimiento tuyo, si te da miedo caminar con esos dos, bacán; regrésate sola, pero no me vengas con tus cuentos de fantasmas y pueblos abandonados.
- Eduardo, créeme por favor, solo pon atención en tu alrededor; dime si desde que nos encontramos has visto algún animal o aunque sea un insecto, no hay nada, solo árboles y cada vez hay más árboles quemados, dime que es esto.
- Es una parte del bosque que no está en el mapa, está descuidada porque nadie se atreve a venir por aquí, ni siquiera los animales; son solo leyenda para alejar a los que buscan el Diamante.
- Tú y tu maldito Diamante nos van a matar a todos, o al menos a los que seguimos vivos.
- Ya cállate Mariana, si sigues hablando estupideces le voy a decir a todos lo que hiciste y te vamos a amarrar para que no te escapes… ¡Chicos! ¡Andrés, José, Sebastián! ¡vengan todos! ¡vamos a armar las carpas!
- Ya Eduardo no grites tanto, dejemos nuestras cosas y busquemos algo para comer.
- No Andrés primero armemos las carpas y después vamos todos juntos a buscar un pescado o algo.
- Ya, ¿Cómo vamos a dormir? Solo hay dos carpas.
- Es cierto, supongo que Sebastián quiere dormir con Mariana.
- ¡No! ¡nunca, yo voy a dormir sola!
- Que cosa, no seas viva pues Mariana, nosotros no vamos a caber en una carpa, tienes que dormir con alguien.
- Mi amor, que te pasa, ¿Por qué no quieres dormir conmigo?
- Ya cállense todos, dejen a Mariana en paz, yo voy a dormir con José y Sebastián y tú Andrés vas a dormir con Mariana, ¿están todos de acuerdo?
- Creo que si.
- Si.
- Si pues, oye Andrés cuidadito con mi flaca.
- No hay problema cuñado aquí todos somos amigos.
- Ya está bien de conversaciones, todos a armar las carpas y luego nos vamos a buscar comida.
- José ven para acá.
- Que quieres Sebastián, ¿ya es hora?
- Si loco, tenemos que hacerlo.
- Por favor, quiero darles un día más, es posible que se arrepientan.
- No José, ya su tiempo se terminó.

Después de buscar en vano, todos se resignaron a comer las últimas galletas que les quedaban y casi sin dirigirse la palabra se despidieron para echarse a dormir. Pero sin que Sebastián lo viese, José llamó a Andrés y sin darle más explicaciones le pidió que escapase antes de la media noche; Andrés sin poder entender lo que sucedía decidió escapar con Mariana.
- ¿A dónde estamos yendo?
- Tú solo sígueme Mariana, no sé que está sucediendo; pero José me dijo que escape antes de la media noche, me dijo que algo iba a suceder y que no podía estar aquí.
- ¿Y porque me llevas contigo?
- Porque no quiero que te pase nada; porque yo…yo te amo.
- Siempre lo supe Andrés; pero debiste dejarme.

Eduardo dormía en su carpa, soñando con el momento en que tendría en sus manos el Diamante; cuando de pronto Sebastián se levantó y con una seña le ordenó a José que le tapase la boca, él despertó y no podía creer lo que estaba viendo; sus amigos eran unos seres espantosos, casi sin forma humana; Sebastián tenía la cara destrozada, ensangrentada y la cabeza le colgaba porque su cuello estaba roto; José estaba hinchado y su piel se caía a pedazos. Los dos estaban muertos; el primero asesinado por Mariana y José se había ahogado en el río después de que alguien lo golpeó por la espalda.
- Maldita sea, ¡quienes son ustedes!
- Tú sabes más que nadie que fue lo que sucedió con nosotros, ¿quieres que te lo recuerde?
- Suéltenme monstruos del demonio.
- Tú mataste a José, él era tu amigo y tú lo mataste; míralo y reconoce tu culpa.
- Estoy soñando, estoy soñando.
- No Eduardo, tú solo sueñas con ese Diamante que no existe, tu codicia te llevó a matar a tu amigo y cuando llegaran ibas a matar a Andrés, yo lo sé todo; míranos bien porque es lo último que verás.
- Tuviste muchas oportunidades para arrepentirte, pero no quisiste hacerlo; ahora tu propia culpa es la que se encargará de ti, yo si te perdoné; pero tú nunca podrás olvidar lo que hiciste.
- ¡Ayúdenme! ¡Ayúdenme!¡no, no!

Lejos de allí, Mariana y Andrés corrían sin mirar hacia atrás.
- Corre Mariana, solo corre.
- Ya no puedo más, déjame descansar solo cinco minutos.
- Aún falta mucho para que lleguemos hasta el pueblo.
- Estás loco el pueblo está a dos días de camino.
- Tenemos que escapar de aquí, no sé que estará pasando allí, solo quiero saber que tú estarás bien.
- Eso es bueno; pero deberías preocuparte más por ti.
- Eso no, vamos a estar juntos siempre.
- Yo haré lo que tú digas; acércate más a mí, la noche será testigo de lo mucho que te quiero.

Andrés se acercó a Mariana y ella lo besó; él creyó que todo estaría bien ahora, pero cuando la beso sintió que ella estaba fría, se sorprendió creyendo que estaba enferma.
- Mariana que te pasa, estás demasiado helada ¿te sientes bien?
- No lo sé Andrés, tengo miedo, no entiendo lo que sucede aquí, todo es tan extraño, cada día me siento más débil, debe ser por el veneno.
- ¿Cuál veneno?
- Andrés, tengo que decirte algo muy terrible.
- ¿Te refieres a lo que hiciste con Sebastián?
- Si; Eduardo te contó ¿no es así?; bueno eso no es todo, cuando me dejaron en el pueblo, me sentí tan sola, muy arrepentida por lo que hice, encontré un veneno en la posada y lo tomé, quería acabar con esta culpa, pero no sé que pasó, solo me dormí y cuando desperté, todo el pueblo estaba desierto, toqué todas las puertas pero parecía que nunca existió gente allí.
- ¿Y que hiciste después?
- Solo corrí y corrí hasta que pude encontrarlos, tuve que inventar todo lo que dije porque ustedes nunca me creerían; pero cuando Sebastián apareció, comprendí que nada estaba bien; esto es increíble, puedo jurar que Sebastián está muerto.
- No sé que decirte Mariana, me preocupa verte así, estás muy asustada, y creo que también estás enferma.
- No lo sé me siento rara, no puedo hacer nada con este frío que siento en mi cuerpo, mi piel está muy delgada, parece papel mojado; no sé que me está pasando.
- Yo voy a cuidarte, no me importa lo que hayas hecho, eres muy importante para mí, solo déjame cuidarte.
- No sé porqué nunca me fijé en ti; espero que tengamos una oportunidad, quiero que me lleves a un lugar donde pueda abrigarme, estoy casi congelada.
- Estamos en medio del bosque y parece que va a llover; no sé donde puedo llevarte.
- Entonces sigamos caminando, sigamos hasta donde podamos, de lo contrario la lluvia nos cegará y no podremos ubicarnos.
- Tienes razón; no te preocupes Mariana, yo voy a cuidarte, ven aquí, voy a llevarte en mi espalda.
- No, no avanzaremos así.
- Pero si no puedes caminar, no seas terca y hazme caso.

Mariana se subió a la espalda de Andrés y ambos siguieron caminando, pronto la lluvia los alcanzó, pero él siguió avanzando sin detenerse; en su mente todo era tan confuso, sabía que algo malo estaba sucediendo allí, sin embargo sólo podía pensar en cuidar a Mariana.
Después de caminar sin rumbo por varias horas, Andrés pudo ver unas luces a lo lejos, quiso decírselo a Mariana, pero ella no contestaba; él decidió no insistir ya que supuso que estaba dormida.
- Ayuda, ayuda por favor; necesito un doctor.
- ¿Quién anda allí?
- Señora por favor, estamos perdidos, necesitamos entrar a algún sitio; mi amiga está muy enferma.
- Hay joven, es muy tarde; mejor vaya a la comisaría allí siempre hay alguien, hasta luego.
- Espere, espere; ya no puedo avanzar más, por favor permita que ella se quede, yo iré hasta la comisaría y traeré ayuda.
- Esta bien joven, pero no tarde; entre y recuéstela en ese sofá.
- Gracias, mil gracias señora; yo regresaré en un instante, ya vengo.

Andrés dejó a Marina en esa casa y corrió, con las pocas fuerzas que le quedaban, buscando la comisaría o a alguien que lo ayude.
- ¿Quién toca la puerta con tanta insistencia?
- Necesito ayuda por favor… es una emergencia… necesito ayuda.
- Calma, calma, no te entiendo nada muchacho, ven y siéntate para que pueda entender lo que quieres decirme.
- Mi amiga está muy mal, tiene escalofríos y está delirando; necesita un doctor urgente, hemos caminado casi toda la noche en el bosque.
- Estos muchachos están locos, cómo se les ocurre caminar en ese bosque y a estas horas, es que son tan imprudentes; acaso no saben lo que les pasó a unos jóvenes que se aventuraron hace unas semanas en ese bosque maldito.
- ¿Unos jóvenes? ¿bosque maldito?

La señora que había albergado a Mariana ya se estaba impacientando, además de no ser una persona caritativa, creía que Andrés no regresaría; así que decidió despertar a Mariana, se acercó a ella y le descubrió el rostro.
- ¡Dios mío!; que es esto, ¡Dios! ¡está muerta!

Lo que estaba frente a sus ojos era poco menos que un montón de huesos y carne seca, en el lugar de sus ojos, unas cavernas aterradoras se asomaban; la mujer cayó al suelo presa del espanto y la repugnancia, poco a poco fue desvaneciéndose hasta quedar completamente inconsciente.
- Mire comisario, no sé de que me está hablando, sólo sé que mi amiga necesita ayuda; no me importa lo que haya pasado con esos jóvenes y con ese viejo loco, sólo quiero que ayude a mi amiga.
- No te enojes muchacho, espera un momento, voy a llamar al enfermero de turno.
- Yo me adelantaré, está en la primera casa a la entrada del pueblo.
- Vaya, no me digas que la vieja sin corazón los atendió.
- No hable así, lo espero allá.

Andrés apresuró el paso para ir a ver a Mariana, siempre estuvo enamorado de ella, pero era la pareja de su amigo, la quería tanto que era capaz de olvidar todo lo que ella hizo, en ese momento sólo pensaba en verla y cuidarla.
- Mariana, Mariana, mi amor, despierta por favor, despierta… ¿a dónde se fue la señora?, que raro que haya dejado su puerta abierta.
- ¿Se puede entrar?, disculpa la demora muchacho, es que este señor estaba en pleno sueño.
- No se preocupe, venga aquí, revísela por favor, creo que tiene fiebre.
- ¿Dónde esta la viejita?, que raro que no esté aquí haciendo sus comentarios inoportunos.
- Por favor comisario, no molestemos más a la dueña de casa, ya bastante ha hecho por nosotros, seguro se fue a dormir.
- Podrían callarse los dos, voy a examinar a la señorita, necesito luz.

Andrés se acercó al candelabro y encendió una de las velas; el enfermero asintió y descubrió el rostro de Mariana.
- Maldición, ¡que diablos es esto!
- No puede ser, ¡cómo llegó esto aquí!, este muchacho es un desquiciado.
- Agárrelo, debe estar loco, yo me voy de aquí.

El comisario sujetó a Andrés y él no entendía lo que estaba pasando, de pronto vio como el enfermero envolvía el cuerpo de Mariana.
- ¡Qué le pasa!, la va asfixiar.
- Tú estás completamente loco, él no puede asfixiarla, ese es un cadáver…
- ¡Qué tonterías dice!, suélteme, suélteme…

Andrés se soltó del comisario y empujando al enfermero, tomó a Mariana en sus brazos y salió huyendo; ellos no podían creer lo que estaban viendo y cuando reaccionaron ya no pudieron alcanzarlo.
- Mariana mi amor, todo estará bien, yo voy a protegerte… todo saldrá bien.
- Si mi amor, todo estará bien, sólo llévame lejos de aquí, voy a ponerme bien, te lo prometo.

Andrés desapareció de la vista del comisario y rápidamente se internó en el bosque; nunca más se supo de él, tampoco se encontraron los cuerpos de sus amigos y el viejo Pablo se quedó encerrado ya que lo culparon de la muerte de Sebastián; finalmente nadie volvió a hablar de lo que había sucedido en el bosque de la Codicia, nadie se atrevía a recordar que un grupo de jóvenes había desaparecido sin dejar rastro alguno y aunque no sabían lo que realmente había sucedido, decidieron no permitir que nadie entre en ese bosque.

Son casi las doce de la noche de un día de Septiembre y estoy terminando de escribir estas líneas, pero no puedo dejar de sentir escalofríos al ver que más allá de monstruos y entes abominables, existe una parte en nuestro ser que nos lleva a convertirnos en una terrorífica criatura, una bestia capaz de matar sin compasión y todo por un triste puñado de dinero… siempre tendremos con nosotros a la codicia de tener más que los demás.
FIN

Maribel Leny

servido por maribelleny sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Ya no existo, no oigo mi respiración, no veo mi sombra y mi aliento no se dibuja en el vidrio. Dime si alguna vez existí; tal vez solo lo imaginé, sería una lastima si fuera así, por favor, te pido que contestes mis preguntas; o es que acaso, tampoco tengo voz.

Últimos comentarios

Fotos

maribelleny todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Categorías

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera