SUEÑOS (SEGUNDA PARTE)
CAPITULO II
Los días pasaron y en el instituto decidieron separar a Ariana del resto de internas, ya que aparentemente era peligrosa inclusive hasta cuando estaba dormida
- ¿Por qué está tan oscuro?
- Silencio, no digas nada, solamente camina y estate atenta.
- ¿Atenta? ¿por qué no me explicas lo que está pasando?
- Ya te dije que te calles.
- Está bien, está bien.
- Mira, allá esta, no hagas ningún ruido, él no debe escucharnos, vamos a ocultarnos aquí, ven conmigo.
- ¿Quién?, ¿De qué estás hablando?
- Cállate Ariana, ya está cerca.
- Tengo frío, está haciendo mucho frío y casi no puedo ver nada,… ¿escuchaste eso?, ¿escuchaste ese ruido?
- Ya está cerca Ariana, ya viene.
- ¿Qué está pasando? ¿quién está allí?
Al final del camino, allí donde la mirada no alcanza a distinguir nada, allí donde solamente el miedo puede ver, allí donde nunca debiste mirar; una forma humana se acercaba lentamente, cubierto completamente con un abrigo de piel o quizás era su propia piel llena de pelos, arrastrando los pies, jadeante y pobremente iluminado por una vela que él mismo sostenía; Ariana contuvo la respiración y lo único que quería era que esto no estuviera sucediendo, no sabía lo que iba a pasar, sin embargo, tenía miedo, tenía terror de no saber que esperar. Cuando ese ser se acercó más a ellas, Ariana lo pudo ver.
- ¡Despierta! ¡Despierta!
- ¿Qué, que pasa?
- Ariana estás hablando sola hace rato, creo que ya es hora de que te levantes, eso de que estés enferma fue una buena excusa la semana pasada, pero ya se te pasó la mano, ¿no crees?
- Alexa, es que estaba soñando, yo vi a un hombre…
- Ya, ya sé, otra más de tus pesadillas.
- Sé que no me crees, sé que me he portado muy mal contigo; pero esto ya es demasiado.
- Las pesadillas son reclamos de la conciencia.
- Quisiera que no me odies tanto.
- Quisiera estar en mi casa con mis padres.
- Sé que no te lo dije antes; pero en verdad lo siento, no sé que es lo que me pasó.
- Ya Ariana, lo hecho, hecho está. Tú y yo estamos encerradas en este maldito lugar y no nos queda otra que vernos las caras a diario.
- Ya no sé que hacer.
- Bueno, te voy adelantando que ya te decidieron dejarte “libre”; es decir, ya te puedes acercar a nosotras.
- ¿En serio?, no me estas mintiendo.
- Serio, las tías ya se cansaron de andarte vigilando y van a dejar que te juntes con el resto.
- ¿No sabes si vinieron mis padres?
- Ah flaca, eso si que no lo sé.
- Es más que seguro que ni se preguntaron.
- Ya deja de lamentarte, todas nosotras, estamos aquí, porque nuestras familias se cansaron de cuidarnos; es solamente eso.
- Tienes razón, tenemos que seguir solas con esto.
- Exacto, y ya vamos al comedor, porque Sonia debe estar pensando que te ahogué con la almohada.
- Una vez más, discúlpame por lo que te hice.
- Ya flaca, dejémoslo así, y no me hagas acordar porque sino si te agarro a almohadazos.
Aparentemente Ariana estaba intentando integrarse al grupo de sus compañeras; pero hiciera lo que hiciera, no podía escapar de sus pesadillas.
- Señoritas, tenemos un anuncio que hacerles; en si son dos anuncios.
- ¿Está usted embarazada?
- Ja ja ja.
- ¡Silencio!, señorita Perea, ya todos sabemos de su jocoso humor; después hablaré con usted.
- Que geniecito.
- He dicho silencio; primero que nada, la señorita Sotelo ya se encuentra mejor y va a reintegrarse a las actividades del instituto, por lo que les pedimos la apoyen en lo que está a su alcance y segundo, la dirección de este Centro de Apoyo ha visto por conveniente instalar un salón de música para contribuir con su desarrollo y bienestar; dicho salón contará con varios instrumentos musicales incluyendo un piano de cola, las clases de música serán dictadas por un reconocido…
- ¡Que bueno! por fin algo divertido en este lugar de muertos.
- Silencio señoritas, aún no he terminado, además no les he dado permiso para que hablen; el Señor Alcázar vendrá a dictar sus clases a partir de la próxima semana, así que las que deseen llevar este curso, anótense con la señora Elena; eso es todo, continúen con sus actividades.
- Alexa, ven aquí un toque.
- Que quieres Sonia.
- Hablaste con Ariana, si o no que está loca.
- Ni tanto, parece arrepentida, hasta me cayó bien.
- Claro porque tú no estuviste allí cuando sacó esos cráneos de su cama, si cada que me acuerdo se me estremece el cuerpo.
- No te has puesto a pensar que tal vez fue una broma de alguna de las chicas.
- No sé, pero si antes yo la defendía ahora le tengo mucho miedo.
- La pobre anda asustada con sus propias pesadillas, ya no la molestemos más, a ver, fíjate la cara que tiene, parece un perrito asustado, sus ojos hundidos y ojerosos, parece una muerta, siempre se sienta en el rincón y ya averigüe si lo hace para no comer.
- Ah es cierto, verdad que es medio anoréxica; y que averiguaste.
- Esta normal, come como todas, bueno no como tú, porque tú arrasas con la cocina entera.
- Ya no me molestes; es decir, que ya son amigazas del alma.
- Tampoco es eso, pero al menos ya la tolero.
- Entonces no me queda otra, la toleraré yo también.
- Si pues, aunque no vaya a ser que te ponga unos huesitos en tu almohada.
- ¡Cállate oye!, me asustas.
- Que tonta que eres, solo es una broma.
El instituto contaba ahora con un salón de música; todas las señoritas asistían ansiosas a sus clases de música, este tipo de talleres servían en su rehabilitación. Cada una de ellas escogía el instrumento que le agradaba; unas escogían las flautas, otras las guitarras, algunas las tarolas, pero solamente dos de ellas decidieron que el piano era el instrumento que querían aprender a tocar.
- Muy bien señoritas, esta es la primera vez que están todas juntas; es por eso que desearía que sepan que dentro de un par de semanas, mi ayudante y yo ofreceremos un recital de piano para todas ustedes.
- Que bueno, el piano es tan especial, tan distinto.
- Tiene razón señorita Sonia, de todos los instrumentos, el piano es el único capaz de decir que la música tiene sentimiento.
- Entonces, Señor Alcázar, ¿todas estamos invitadas a ese recital?
- De eso se trata, todas ustedes deben comenzar a desarrollar una pasión por la música.
- Es tan difícil tener una pasión en este lugar, estar encerrada no es como para no pensar en otra cosa.
- Señorita Ariana, todos podemos encontrar soluciones a los errores de la vida, tal vez usted pueda buscar su “escape” en la música.
- Es tan difícil escapar de algo que llevas dentro de ti.
- Ya Ariana, cállate, nos estás deprimiendo, este es un momento feliz, mejor dicho, es el único momento feliz que hemos tenido desde que ingresamos a este lugar.
- Entonces quedamos en eso señoritas; una vez a la semana, todos practicaremos con los instrumentos y dentro de dos semanas tendremos ese pequeño recital para ustedes.
Los días pasaron, y favorablemente, todas las señoritas encontraron una distracción en la clase de música, de una u otra forma, esta clase las ayudaba a llevar su internamiento con más tolerancia y resignación.
- Faltan pocos días para el recital, estoy muy emocionada.
- Lo que tú estás es templadaza del profesor.
- No Ariana, eso no es cierto.
- Ya no te hagas, te vi volteando los ojos cuando él pasa por tu lado; no te hagas problemas conmigo Sonia, es normal, el profe es joven y para ser sincera, no está nada mal.
- Tienes razón, me gusta mucho, pero a parte de eso, también me gusta como toca el piano.
- De hecho te gusta todo lo que él hace.
- Mira como eres, me pones nerviosa.
- No te preocupes Sonia, conmigo tu secreto está a salvo.
- Espero que no me hagas lo que le hiciste a Alexa.
- Ya pues, olvidemos todo eso de una vez.
- Esta bien, discúlpame, son cosas mías.
Cuan larga puede ser una noche, cuanto sufrimiento puede soportar alguien; el dolor de sentirse solo, el dolor de vivir sin esperanzas. No había noche en que Ariana pudiera dormir tranquila, toda la noche luchaba por no dormir, pero su cuerpo no resistía; al instante en que sus ojos se cerraban, aquellas pesadillas la atacaban sin compasión; optó por tomar medicamentos para no dormir, pero la descubrieron y le arrebataron las pastillas; Ariana no podía dormir una noche completa, las horas eran eternamente desesperantes, sus noches transcurrían entre sobresaltos, gritos y lágrimas.
- Ven conmigo, vamos al cuarto de música.
- No Sonia, está prohibido entrar fuera de las horas de clase.
- No te preocupes, a esta hora no hay nadie, tengo una cosa que hacer allí.
- No me digas que vas a encontrarte con el profesor.
- Si Ariana, le dije que lo vería allí a esta hora, ven acompáñame por favor.
- Sonia, si te descubren, de seguro que vamos a tener problemas.
- Solamente acompáñame hasta allá, quiero que me sirvas de campana en la puerta.
- Sonia estás loca, mejor no vayamos.
- Ven, ven conmigo.
Sonia parecía no escuchar a Ariana, ella solo caminaba sin mirar atrás y Ariana se sentía muy confundida.
- Quiero que te quede aquí un momento; voy a ver si el profesor está allá afuera.
- No me dejes sola aquí Sonia.
- No tardo Ariana, apenas llegue el profesor tú te vas a tu dormitorio.
- No te demores, este lugar me da miedo, está tan solitario y ya se esta ocultando el sol, en un rato más nos llamarán para la cena.
- Ya vengo.
Sonia salió del salón de música dejando sola a su amiga; Ariana quiso ignorar el miedo que sentía al verse sola en ese enorme salón, el piso brillaba en silencio, las enormes ventanas estaban cubiertas por unas cortinas color púrpura; al estar casi vacío, el frío que se sentía, era penetrante.
En el centro del salón estaba el piano, aquel instrumento callado, Ariana lo miraba con gran curiosidad, y poco a poco fue olvidando que se encontraba sola, comenzó a pensar que aquel piano se veía tan triste cuando estaba cerrado, era un gigante mudo sin sentimientos, unas teclas vacías y sin sentido, tanta belleza apagada y todo porque nadie lo estaba tocando.
Ariana no pudo contener el deseo de acercarse al piano y al menos tocar una de sus teclas, quería comprobar que estaba vivo y que podría tocar su nobleza por unos instantes. Sus pasos se fueron acercando cada vez más hasta ese lugar, su respiración se agitaba al pensar que estaba haciendo algo prohibido; sin darse cuenta empuñó las manos tan fuerte que sus uñas se clavaron en sus palmas y un leve quejido salió de sus labios.
Muy pronto se encontraba frente a aquel piano y lo acarició por unos instantes, pasó sus manos por toda la superficie; luego decidió que podría tocar unas cuantas notas, ya que nunca antes lo había hecho, siempre sintió algo de presión cuando estaba en la clase de música, pero esta vez estaba sola y ya nada la podía detener. Empujó la tapa lentamente para que nadie la escuchara y quiso sostenerla con cuidado, sin embargo se quedó mirando hacía adentro de la caja de resonancia, poco a poco su rostro fue cambiando, su expresión se fue tornando en un tétrico cuadro de horror; soltó la tapa del piano y se abalanzó al suelo completamente aterrada; dentro del piano habían pedazos humanos, trozos de cuerpos putrefactos y mucha sangre.
- No, no puede ser, esto no está pasando, ¡Sonia! ¡Sonia!
- Cállate Ariana, vas a delatarnos.
- Ven, ven aquí, mira en el piano, mira dentro del piano.
- ¿Qué te pasa?, tienes una cara de loca terrible.
- Solo mira allí dentro.
- A ver, que cosa es eso que quieres que vea, espera que abra esto, a ver, ah, supongo que te refieres a esto, son solo un poco de gente muerta; no es nada del otro mundo, hay muchos artistas que necesitan de ciertos elementos para inspirarse, el profesor Alcázar utiliza esto, es solo gente muerta.
- Que estas diciendo, porque lo dices con tanta naturalidad, no entiendo lo que te pasa.
- Todos tenemos que morir Ariana, la muerte siempre está cerca.
- No, no, basta, cállate, basta ya.
- ¿Ariana?, despierta hija, que tienes.
- ¿Dónde estoy? ¿qué pasó?
- Te quedaste dormida Ariana, y la verdad lo comprendo, son varias noches que no puedes dormir bien, debes estar exhausta, te desperté porque estabas gritando y supuse que estabas teniendo una pesadilla.
- Si, así fue, fue otra pesadilla.
- Ya cálmate hija, ya es la hora de la cena, baja a comer con tus compañeras.
- Señora Elena, ¿Usted cree que yo estoy loca?
- No hija, cómo se te ocurre eso, cualquier persona tiene pesadillas, pero así como vienen, se van; ten paciencia, muy pronto todo esto acabará para ti también.
- Eso espero señora.
Ariana bajó al comedor, estaba realmente consternada por aquel sueño, sus pesadillas habían pasado de ser una simple sensación a una confusión con la realidad, ya no podía diferenciar si estaba dormida o despierta.
- Hola Alexa, creo que ya no alcancé a la cena.
- No te preocupes, siempre te sobramos.
- Oye, ¿dónde está Sonia?
- No sé, no ha bajado todavía a cenar; seguro se quedó dormida.
- Si, eso debe ser.
La cena terminó y Sonia no bajó al comedor, a pesar de no ser un hecho tan sospechoso, la señora Manuela decidió buscarla por todo el instituto; y extrañamente no pudo hallarla; pronto todas estaban buscando a su compañera.
- Alexa, ven aquí un momento, yo tuve un sueño…
- Ariana por favor, no es momento de esas cosas, hay algo extraño aquí, es imposible que Sonia haya desaparecido así por así.
- De eso se trata, sé que no vas a creerme, pero podría jurar que ella está en el salón de música.
- Tenías razón, no te creo; pero para darte el gusto, vamos a buscarla.
- No, yo no voy allí, búscala tú sola.
- Quién te entiende, primero me dices que está allí y luego no quieres ir a buscarla.
- Es algo que no entenderías, pero por favor, búscala allí.
- Eres recontra rara Ariana, voy a decirle a la señora Manuela que me acompañe.
- Apúrate, apúrate por favor.
Alexa se fue en busca de la señora Manuela para que la acompañe al salón de música; Ariana se sentó en el pasillo como siempre lo hacía, sentía sus miedos raspándole la piel, sus ojos brillaban de terror y poco a poco iban derramando oscuras lágrimas de impotencia.
En el salón de música, una de las enormes ventanas estaba abierta, las cortinas azotaban cual fantasma colérico; tanto silencio en aquel lugar sin muebles, solo un mudo piano que jamás dirá nada de lo que vio.
- La verdad no sé porque le hice caso, pero ella me dijo que Sonia estaba aquí; pero este lugar está vacío.
- Ariana es una enferma sin remedio, con sus alucinaciones nos está volviendo locos a todos, en fin, ya nos hizo perder el tiempo viniendo aquí.
- Si pues, aquí no hay nadie y ni para decir que está escondida, porque este es un salón abierto sin muebles.
- Solamente están los instrumentos en las sillas y ese piano de cola.
- Ni modo, habrá que seguir buscando, a no ser que Sonia se haya metido en el piano.
Alexa se acercó al piano y con un ademán burlesco abrió la tapa de la caja de resonancia.
- Que raro, aquí hay algo, que según yo sé, no debería de haber.
- ¿De que hablas muchacha?
- Es una bolsa negra, que raro, de seguro que el profe vota su basura aquí.
- Que cosas dice señorita, déjeme ver a mí.
Manuela metió las manos en el piano, y de un tirón sacó aquella bolsa tan extraña; Alexa se quedó mirando sin hacer nada.
- Que cosas para raras hace este profesor, ya le había dicho a Elena que este tipo no me inspiraba confianza.
- Abra esa bolsa, ¿qué tendrá dentro?, por el tamaño parece que es una chompa envuelta.
- La voy a abrir solamente para decirle al profesor que no sea tan descuidado con sus cosas, esta bolsa puede hasta malograr el piano.
- Ya pues no la haga larga.
- Deja de hablar, me pones nerviosa, esta cosa me da mala espina.
El viento azotó la ventana y en un estruendo, los vidrios volaron por todo el salón. Después de dar un grito, ambas se miraron y sin decir nada, comenzaron a reír.
- Ese ruido me asustó.
- A mi también señora, pero si hubiera visto su cara, se hubiera matado de la risa.
- Que graciosa Alexa, cualquiera se asusta con tremendo sonido, además también se rompió el vidrio; ¿quién habrá dejado esa ventana abierta?
- No sé, ya pues abra esa bolsita.
Manuela comenzó a desatar la bolsa; estaba ya, más calmada y casi sin contemplaciones logró desatar el nudo que cerraba esa bolsa.
- Pues tenías razón, es una tela negra envuelta, aunque parece que está envolviendo algo; déjame ver, creo que es pescado o carne cruda.
- Que raro, el profe estaba guardando su almuerzo.
- Deja de hablar Alexa, voy a ver que es esto.
La expresión de Manuela cambió en un instante, tiró al suelo la tela a la vez que lanzó un grito ensordecedor; Alexa miraba ese bulto sin poder creer lo que estaba ante sus ojos; un charco de sangre comenzó a escurrirse de aquella bolsa. El horror que se respiraba en ese salón, se mezclaba con el olor nauseabundo de la muerte.
- ¡Es una cabeza! ¡es una cabeza llena de sangre!
- ¡Maldición, maldición!, ¿que hago ahora, que hago?
- ¡Socorro! ¡Auxilio, vengan todos!
- ¡Cállate Alexa!, no grites más, intenta calmarte.
- ¡Que cosa!, ¿quiere que me calme?
- Por supuesto, o acaso quieres que todo el instituto enloquezca, tienes que calmarte, voy a resolver esto; pero sin que nadie se entere, esto es algo muy delicado, quiero que lo entiendas.
- No puedo creer lo que está diciendo, la que no entiende es usted, ¿no se da cuenta?; esto es un asesinato, un loco ha matado a una de mis compañeras y lo único que usted dice es que no se entere nadie.
- Que cosa quieres que haga, acaso quieres un escándalo, dime si con que todo el mundo lo sepa la vas a revivir; esta chica está muerta y eso es todo.
- No puedo creerlo, no puedo creerlo; pero ni crea que me voy a quedar callada, esto lo van a saber…
Manuela sujeto fuertemente a Alexa del brazo, luego la cogió del cabello con furia.
- Si dices una palabra de esto, vas a arrepentirte toda tu vida.
- ¡Que le pasa, suélteme!
- He dicho que no grites, sabes que soy capaz de muchas cosas y si me haces un escándalo, diré que estás perdiendo la razón; y como es de suponerse, van a creerme a mi; nadie le creerá a una muchachita alcohólica como tú.
- ¡Vieja loca!
- Repite eso y te vas a arrepentir, esto lo soluciono yo y las superiores, si mantienes la boca cerrada asegurarás tu tranquilidad.
- Ni siquiera se ha preguntado quien es la chica, ¡no puedo creerlo!, ¡en donde diablos estoy!, maldita sea.
- Solo mantén la boca cerrada, todo esto se solucionará, lo último que necesitamos es un escándalo más.
A los pocos minutos, Manuela envolvió los restos en la bolsa y arregló todo para ocultar lo que pasó; a empujones, obligó a Alexa, a limpiar el piso ensangrentado; la muchacha sollozaba ante tan terrible situación.
- Y ahora, ¿qué es lo que va a hacer?
- Ese es mi problema, lo único que tienes que hacer es quedarte callada, esta es algo que tenemos que solucionar en la dirección.
Alexa calló y se retiró del salón de música; eran tantas cosas que tenía en su cabeza, tanta culpa, tanta rabia, tanto de todo y a la vez tanto silencio; era enmudecer por miedo a que no le crean; Alexa tenía muchos problemas en el instituto y no se le consideraba una buena interna.
