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La Coctelera

SOLAMENTE AZUL

Poesías, relatos y demasiados versos escritos sin inspiración.

3 Octubre 2006

SUEÑOS (PRIMERA PARTE)

CAPITULO I

Solo recuesta tu cabeza en esa almohada, mira al techo por algún rato y luego cierra los ojos, cierra los ojos sin pensar en nada, cierra los ojos esperando que mañana sea un día mejor que el de hoy, cierra los ojos y duerme, duerme, duerme…

- Esta muchacha es medio rara, ¿no crees?
- Déjala, es su problema.
- Pero si nunca se comportó así, a mí si me parece muy raro, sólo mira su dormitorio, hay rosarios colgados en la pared, imágenes de la Virgen en su velador y tiene un cuchillo debajo de su almohada.
- No seas exagerada, quizás es una chica muy religiosa y nada más.
- Pero no te digo que no era así.
- Hay Manuela, ya déjala en paz.
- Está bien, está bien, pero nadie me quita de la cabeza que esa chica está rarísima.
- Ya vámonos, creo que estamos haciendo bulla y no las vamos a dejar dormir.

Elena y Manuela se retiraron del pasillo y apagaron las luces para dejar que las señoritas duerman tranquilas.
En el último dormitorio del pasillo, se encontraba una de las internas de aquel instituto, la cual no dormía hace varios días, estaba siempre alerta, desconfiaba de cualquier ruido y todas las noches solamente esperaba que las horas pasen y luchaba contra el cansancio para no quedarse dormida, porque dormir era lo peor que le podía pasar; pero estar despierta ya la estaba volviendo loca.

- Buenos días señoritas, a levantarse todas, hoy tenemos mucho que hacer.
- Cómo es posible que nos despierten tan temprano.
- Eres una vaga Sonia, no te quejes y levántate, porque sino nos castigan a todas.
- Esa Manuela es un sargento con falda. Esto es terrible, ya no soporto más.
- Que exagerada que eres, ya deja de hablar y vamos al comedor, sino nos quedamos sin desayuno.
- Oye Alexa, tú crees que la del fondo haya dormido esta noche.
- No sé, espero que si, pobrecita, yo la veo muy mal.
- Esta medio rara esa chica, pero en fin, algo debe de tener.
- Sonia, que te parece si hoy le preguntamos que le pasa, me gustaría ayudarla; además la pobre duerme sola, nadie quiere ser su compañera de cuarto.
- Claro pues, no ves que esta medio loca.
- No hables así, no sabemos que le sucede, tal vez está enferma, o tiene pesadillas.
- ¿Pesadillas?, no creo que sea eso; las pesadillas son fáciles de controlar.
- No siempre Sonia, hay personas que no pueden vigilar sus pesadillas.
- Tal vez sean personas que tienen la conciencia muy sucia.
- Tú te hablas nomás; ya no digas nada, vámonos.

En el instituto de internas, vivían muchas señoritas, las cuales habían tenido algún tipo de problema: alcoholismo, drogadicción y trastornos alimenticios. La mayoría se encontraba en rehabilitación, eran como una gran familia; las personas que las cuidaban y controlaban eran dos señoras Elena y Manuela, todas tenían sus roles en el instituto y casi nunca tenían problemas entre ellas.
Ariana era una muchacha que había ingresado en este instituto por problemas alimenticios, padeció de anorexia por mucho tiempo y cuando sus padres no pudieron ayudarla decidieron dejarla allí, estuvo unas semanas adaptándose y luego empezó a socializar con sus compañeras; hasta que una noche cuando todas las luces se habían apagado, se levantó de su cama y caminó hacia el pasillo; luego inexplicablemente empezó a gritar. Pasaron muchas noches desde aquella en que alarmó a todas sus compañeras; y aunque su angustia era evidente, no volvió a dormir.

- ¿Cómo estas?, nosotras queríamos saber si te podemos ayudar.
- Gracias muchachas, no es necesario que muestren preocupación por mí, prometo no volver a perturbarlas.
- No digas eso Ariana, somos compañeras y queremos verte mejor; no es por que nos molestes, es sólo que no puedes seguir así.
- Sonia tiene razón, debes dormir, aunque sea unas horas; si quieres puedes hacerlo ahora, es de día y la oscuridad no te asustará.
- ¿La oscuridad? , yo no le temo a la oscuridad, ese no es mi problema; te todas formas, agradezco su interés en mi “sueño”, pero prefiero seguir así; nos vemos luego.
- Adiós Ariana, búscanos si deseas hablar con alguien.
- Deja que se vaya Sonia, esa chica ya esta mal, muy mal.
- Eres muy injusta Alexa, muy injusta.
- Ya me dijiste eso, ahora vamos al comedor, de seguro que ya no queda postre.

Aunque Sonia y Alexa habían intentado un acercamiento con Ariana, no lograron nada, ella era tan esquiva y misteriosa, nunca dejaba que nadie supiera algo de su vida, siempre fue así y peor ahora, peor ahora que no puede decirle a nadie lo que le pasa.

- Señoritas, es hora de acostarse, dejen de estar parlando como loros y cierren sus puertas.
- Hasta mañana señora Manuela.
- Hasta mañana señora, que duerma bien… vieja espesa.
- Alexa no digas esas cosas, te puede escuchar.
- Hay Sonia, de hecho que sabe lo que pensamos de ella, solamente se hace la loca, ya acuéstate sino viene y nos chanca.

Las luces se apagaron una vez más, y en el cuarto del fondo sólo quedó la abatida silueta de Ariana; sentada en su cama, con las piernas recogidas y sus labios pegados a sus rodillas, un rosario en la mano y miles de oraciones en su cabeza. Las horas pasaron y el cansancio vencía a sus rezos; sus ojos se clavaron en la ventana, pero la Luna no osaba asomarse esa noche, poco a poco fue abandonando su lucha contra el sueño y cayó en su almohada.
Una vez más, la razón de su temor apareció: Cuando apenas había cerrado sus ojos, todo empezó de nuevo, sintió que estaba allí, lo sintió cuando se sentó en el borde de su cama, lo sintió cuando se abalanzó encima de ella, intentó luchar y empujaba con fuerza, pero la estaba asfixiando, la sujetaba contra la cama y aunque trataba no podía gritar, no podía hablar; rezó y rezó, pero sus oraciones eran interrumpidas absurdamente por ella misma, se mezclaban los Padres Nuestros con números o frases que no tenían nada que ver con el rezo; Ariana luchaba contra algo que nunca había visto, pero que estaba allí.

- Por favor… por favor, ayúdenme…ayúdenme…está lastimando…está lasti…
- No la miren, esta hablando sola, no le hagan caso.
- Necesito…necesito que me ayuden, hay…alguien aquí…
- No la miren, esta hablando sola, déjenla allí.
- Que pasa con ustedes…que pasa…ayúdenme.
- Vámonos a dormir, no le hagan caso.

Ariana despertó y estaba parada en el pasillo sola, no supo que fue lo que pasó, ella pensaba que había despertado y que sus compañeras no le habían prestado ayuda; pero estaba dormida, inclusive ahora parecía no estar despierta; ya sin fuerzas, se arrodilló en el suelo y comenzó a llorar.

- ¿Quién anda allí?, responda, diga su nombre.
- Ariana Sotelo, soy Ariana.
- Muchacha, ¿qué haces aquí?, son casi la una de la mañana, no puedes estar en el pasillo; regresa a tu dormitorio.
- No, no lo haré.
- Que te sucede, levántate, debes dormir.
- ¿Dormir?, no debo dormir, nunca más, nunca más.
- Voy a llamar a Elena; ella sabrá que hacer contigo, porque lo que es yo, tiro la toalla.

Ariana no respondió nada más, se quedó sentada en el pasillo sin volver a decir ni una sola palabra; solo se balanceaba como queriendo impedir su adormecimiento, la volvieron a interrogar, pero fue inútil, no volvió a hablar.

- Tenemos que llamar a sus padres, esta situación es realmente desesperante, ya no podemos tenerla aquí, simplemente pone nerviosas al resto de muchachas.
- Lo sé Manuela, lo sé; pero eso sería como deshacernos de ella sin haberla ayudado, esa no es nuestra misión, se supone que debemos brindarle apoyo en sus problemas.
- Pero esto es el colmo, antes no dormía y ahora no quiere hablar; está empeorando, inicialmente solamente no comía, pero ahora está peor.
- Lo ves, eso habla muy mal de nuestra institución, quiere decir que en vez de ayudarla, la estamos empeorando.
- ¿Nosotros? Pero si no hemos hecho nada para que empeore.
- Pero tampoco para que mejore.

La situación de Ariana tenía muy preocupadas a sus controladoras; sin embargo, ellas nada podían hacer para lograr que Ariana durmiera. Cada día era más evidente su estado, era irritable y solitaria; apenas y pronunciaba unas cuantas palabras; y todas las noches caminaba en el pasillo, caminaba mirando al suelo, contando sus pasos, ahogando su voz en lágrimas de espanto.
Una de sus interminables noches de insomnio; caminaba en el pasillo cuando de pronto observó por la ventana; en la calle había una procesión, mucha gente caminaba lentamente llevando velas en sus manos; Ariana estaba muy confundida, eran casi las doce de la noche, era imposible que una procesión estuviera por allí a esas horas; entonces decidió bajar del pabellón de dormitorios, y sin hacer ruido corrió hasta la reja que las separaba del mundo existente.

- Señora, señora, venga por favor.
- Dime niña, que deseas.
- ¿Me puede decir de qué es esta procesión?
- No me digas que no lo sabes, ¿vives aquí y no lo sabes?
- Si señora, no sé de que se trata, me parece muy raro que salgan a tan altas horas de la noche.
- Ya no puedo seguir hablando contigo, ya se alejaron mucho, tengo que irme; ¿puedes hacerme una favor?
- Claro, de que se trata.
- Toma estos dos cirios, guárdamelos por favor, yo regresaré mañana a recogerlos, es que son muy pesados y no podré seguir con ellos.
- Bueno, se los guardaré.
- Que nadie más que tú los vea, ¿si?
- Está bien, pero mañana me cuenta todo.
- Si, si, hasta mañana niña.

La mujer le dio los pesados cirios a Ariana a través de la reja, ella los tomó en sus brazos y vio como la mujer se alejaba presurosa hasta que desapareció en la oscuridad de la noche; aunque era muy extraño lo que le había pasado, ella decidió obedecer a aquella extraña mujer y escondió los cirios debajo de su cama, luego salió al pasillo a continuar con su eterna caminata.

- Buenos días a todas, levántense, el día recién empieza; señorita Sotelo, la espero en mi oficina.
- Si señora Manuela, enseguida subo.

Los días eran demasiado rutinarios en aquella institución; siempre se sabía lo que iba a pasar, era un ir y venir de lo mismo, todas las internas recibían tratamientos para sus dificultades y al final del día tenían que tomar una cantidad de medicamentos que les prescribía el médico. Sonia y Alexa, eran buenas amigas y también eran las internas que tenían más tiempo en el instituto; debido a que habían demostrado mejoría en sus respectivos tratamientos, ellas querían regresar a sus casas.

- Aquí estoy señora.
- Siéntate Ariana; tenemos algo que proponerte.
- Dígame.
- Las señoritas aquí presentes, están decididas a ayudarla con su problema; le explico, la señorita Maldonado dice que puede ser su compañera de habitación, esto para ayudarla con su insomnio y la señorita Perea cuidará de sus sueños.
- ¿Cuidar mis sueños?
- Si Ariana, nos turnaremos con Alexa para dormir, es decir, mientras tú y yo dormimos, ella cuidará que no te den pesadillas, apenas sienta que estás teniendo una te despertará y a la noche siguiente yo haré lo mismo.
- Ustedes no entienden, nadie entiende.
- Señorita Sotelo, sus compañeras están en todo el derecho de querer ayudarla, además ellas quieren hacer una buena obra antes de irse.
- Es cierto Ariana, Sonia y yo estamos a un par de semanas de regresar a nuestras casas.
- ¿Y porque vas a regresar a tu casa Alexa?
- Porque ya estoy curada.
- Ah, que bueno, eso explica porque te encerraste en el baño ayer con una botellita muy sospechosa, seguro estabas celebrando.
- ¡Yo no hice eso!, es mentira señora Manuela, eso es mentira; yo no he vuelto a tocar una botella, ya no bebo.
- No voy a escuchar a ninguna de ustedes, salgan las tres de mi oficina; después conversaré con usted señorita Perea.

Las tres muchachas salieron de la oficina sin decir una palabra; pero una vez que estaban lejos de allí, Alexa encaró a Ariana.

- Eres una chismosa, una maldita chismosa.
- Yo solo dije lo que vi.
- No tenías ningún derecho, yo sólo quería ver a mis padres, tú no entiendes nada, eres una amargada mal agradecida.
- No te das cuenta que todo esto es un engaño, dime cuanto tiempo llevas aquí; tú crees que en verdad te han ayudado, esto no es nada más que una pantalla, nuestros padres nos dejan aquí para deshacerse de nosotras, no me digas que estás curada porque no es así; yo te veo siempre con tus botellitas escondidas, dime entonces si este lugar es seguro, no es posible que puedas conseguir alcohol tan fácilmente, esto no es más que una farsa.
- Eres una envidiosa, sólo porque tú has empeorado, no quiere decir que todas estemos igual; a ti debieron internarte en un manicomio.
- Me voy a mi dormitorio, no quiero ver a nadie.
- Si, vete, y déjanos solas.

Ariana se fue a su dormitorio para sacar los cirios que le habían encargado la noche anterior; estaba muy arrepentida por lo que le había hecho a Alexa, pero a veces no sabía porque reaccionaba así; Sonia y Alexa siempre intentaron ayudarla y ella las esquivaba tratándolas mal. Lo cierto era que ellas no tenían la culpa de sus pesadillas, pero ya no podía remediar las cosas, aunque ella siempre creyó que en ese instituto las cosas estaban mal.
Mientras se dirigía hasta el dormitorio, su mente divagaba pensando en aquella extraña procesión y en esa mujer que le dejó los cirios; casi sin darse cuenta, ya estaba frente a su cama, no sabía porque, pero le temía a ese lecho, odiaba cada una de sus sábanas y esa mullida almohada; todo era tan terriblemente normal, se trataba de una cama cualquiera, pero era la tortura más grande que le había tocado vivir. Contuvo el aliento y decidió no tomar en cuenta esa cama, metió sus manos debajo del catre buscando a tientas los cirios, extrañamente no podía encontrarlos, eso era raro ya que las velas eran de gran tamaño; siguió buscando y de pronto, sus dedos tocaron una extraña superficie, de textura lisa y forma redonda.

- ¿Qué hace allí?, tirada en el suelo.
- Yo, este, no nada, estaba barriendo.
- Ah, claro, sin escoba.
- No me molestes, vete a tu cuarto.
- No debiste tratar así a Alexa; ella tiene demasiados problemas, demasiados como para que le des otro.
- Sonia, yo no tengo la culpa de lo que le pase o le deje de pasar a Alexa; lo único que me importa es salir de aquí.
- Vas a quedarte sola si sigues con esa actitud.
- Déjame sola, deja que haga lo que tengo que hacer.

Sonia salió del dormitorio de Ariana y se ocultó detrás de la puerta; Ariana decidió sacar los cirios y deshacerse de ellos de una vez, ya que la extraña mujer que se los encargó no daba indicios de regresar por ellos.
La muchacha se agachó y al tantear una vez más, volvió a tocar esos objetos raros; buscó algo con que arrastrarlos hacia ella y luego los pudo ver con claridad… eran dos cráneos humanos amarillentos y malolientes.
Ariana lanzó un gritó desgarrador, tiró los cráneos al suelo y luego cayó de rodillas, siguió gritando desesperada y fuera de si misma.

- ¡Qué te pasa! ¡que estás haciendo!
- ¡Vete!, ¡vete, déjame sola, vete!
- ¡Qué diablos es eso! ¡Bruja! ¡Bruja! Auxilio, auxilio señora Manuela vengan todas.

Sonia veía con horror el espantoso cuadro que se proyectaba en ese dormitorio, ambas gritaban y todo era una enorme confusión.
Después de todo el alboroto, lograron calmar a Sonia y le inyectaron tranquilizantes a Ariana; nadie podía explicarse la razón por las cuales esos cráneos estaban allí. Era posible, tal vez, que las pesadillas de Ariana estuvieran cruzando el límite de la realidad.

Tags: novelas

servido por maribelleny 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

ARIANA SOTELO

ARIANA SOTELO dijo

Esta de miedo esto ,y yo no entiendo por que ella se nombra igual que que yo leei esto ,y medio miedo por que mi nombre es el mismo que el de ella mi nombre es ARIANA SOTELO esto es muy rraro no puede aber 2 ariana's con el mismo apellido bueno estoy confundisda bueno bye?

11 Noviembre 2006 | 07:45 PM

Maribel

Maribel dijo

Ariana, no te asustes, en verdad es una coincidencia unica, yo le pude ese noimbre al personaje, pero fue sin ninguna mala intención.
A mi me gusta el nombre ARIANA por eso lo puse y en cuanto al apellido SOTELO ,siempre busco un apellido de alguien que no conosca, para que no se sienta aludido.
Disculpa si te hice sentir mal, pero puedes darte cuenta que es solo ficción.
Gracias por leer mi blog.

11 Noviembre 2006 | 08:58 PM

ARIANA SOTELO

ARIANA SOTELO dijo

GRACIAS MARIBEL POR ABER ES CRITO ESTA LEYENDA , Y CUANDO ES CRIBIO DE REGRESO ME SACO DE MI MIEDO ESCRIBES MUY BIEN Y TRANSPORTAS ALOS HECHOS EN EL PEN SA MIENTO ASTA LUEGO

13 Noviembre 2006 | 12:50 AM

ARIANA SOTELO

ARIANA SOTELO dijo

ME FALTO ALGO POR ESCRIBIRTE MARIBEL GRASIAS POR QUE TE GUSTA MI NOMBRE ,Y YA LO LEYO MI ABUELITA ,Y ELLA ME EXPLICO DE LO QUE SE TRATA , Y LE PARESIO UNA LEYENDA DE SUENOS BYE? ****

13 Noviembre 2006 | 12:55 AM

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Ya no existo, no oigo mi respiración, no veo mi sombra y mi aliento no se dibuja en el vidrio. Dime si alguna vez existí; tal vez solo lo imaginé, sería una lastima si fuera así, por favor, te pido que contestes mis preguntas; o es que acaso, tampoco tengo voz.

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