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La Coctelera

SOLAMENTE AZUL

Poesías, relatos y demasiados versos escritos sin inspiración.

3 Octubre 2006

SUEÑOS (CUARTA PARTE)

CAPITULO IV

¿Tienes sueño? ¿Quieres dormir?, no debes cerrar los ojos, nunca más debes hacerlo, no hay nada en la realidad, no hay nada en tus sueños; pero aunque luches, no podrás evitarlo; tus ojos se cerrarán y tus sueños aparecerán.
- Ariana, tus padres vendrán la próxima semana, ya me comuniqué con ellos.
- ¿Van a venir? ¿Para qué?
- Tu situación no es buena, cada vez estás más nerviosa y no queremos que te pongas mal.
- Entonces, eso quiere decir que me van a llevar a mi casa.
- No sé que harán contigo, ese ya es su problema; la verdad es que nosotros ya no podemos controlarte.
- ¿Controlarme?, si solamente se dedican a deshacerse de las internas que les causan problemas.
- No sabes lo que dices, no nos estamos deshaciendo de ti, es solo que debes estar con tus padres.
- No hablo de mí, quiero saber que fue lo que les pasó a Sonia y Alexa.

Elena no respondió nada, calló intempestivamente, se dio la vuelta y salió del dormitorio. Ariana empuñó las manos y se recostó en su cama; se sentía completamente confundida, nada tenía sentido, solamente pensaba en que tenía que descubrir lo que les pasó a sus amigas, era tan misterioso que hubieran desaparecido sin decir nada y que nadie hablara del asunto. Estaba pensando con varias ideas dándole vueltas en la cabeza y no se percató de que se estaba quedando dormida.
Era un paraje maravilloso, con interminables campos verdes y árboles frondosos, era demasiada belleza para ser cierta; Ariana caminaba y se sentía extasiada de tanta perfección, en un momento se agachó para tocar el pasto, era divinamente húmedo, no resistió la tentación de recostarse allí y respirar ese aroma a hierba fresca.
Cuando empezaba a sentirse tranquila, cuando en su corazón por fin la calma reinaba, un ruido la distrajo; era un ruido lejano, como un pequeño temblor, que poco a poco se hacía más fuerte, se acercaba a donde ella estaba, Ariana se incorporó lentamente y de pronto un chorro de agua salió del suelo, era como si hubiese explotado una pequeña tubería, luego muy cerca de ella, otro chorro salió disparado; Ariana contemplaba este curioso espectáculo con agrado, era como estar jugando entre aspersores de riego, se sentía como una niña. Se quedó allí parada, sin moverse, mientras todo su cuerpo se mojaba con los chorros de agua que cada vez se hacían más numerosos; estaba tan contenta que no pudo escuchar que aquel ruido continuaba acercándose, fue demasiado tarde cuando pudo darse cuenta de donde provenía aquel sonido; a lo lejos, una enorme pared de agua, avanzaba hacia ella, era como si el mar se hubiera salido, Ariana comenzó a correr, corría sin mirar hacia atrás, pero como estaba mojada no podía avanzar mucho, sus jeans le raspaban las piernas y su propio cabello le aprisionaba el cuello, cuando volteó la mirada, aquel muro de agua estaba más cerca de ella y avanzaba con furia y arrastrando todo lo que tenía a su paso.
- Señoritas, es hora de la cena.
- ¡Auxilio!
- Maldición Ariana me asustaste, porque gritas así.
- ¿Dónde estoy?
- Donde más, aquí en el instituto; ya sé, no me digas, te quedaste dormida.
- Si solo fue un instante.
- Felizmente que ya te vas, no soporto tus ataques de pesadillas; ya me estas volviendo loca.

Ariana se levantó y sin decir nada, se fue al salón de música, caminó directamente hacia el piano y lo destapó, miraba y buscaba; como era de suponerse no encontró nada. Estaba a punto de salir de allí cuando se tropezó con la alfombra, y observó que las losetas del piso estaban removidas, intentó sacarlas, pero no pudo lograrlo solamente con sus manos, así que salió al jardín y actuó como si estuviera dando un paseo, sin despertar sospecha buscó alguna herramienta que le ayude para sacar las losetas del piso, hasta que debajo de unos arbustos encontró un pico y una lampa, rápidamente los levantó y corrió hasta el salón de música.
Casi sin aliento cerró la puerta y con las manos temblorosas se acercó a esa parte del piso; sujetando aquel pesado pico y oyendo solamente su agitada respiración, comenzó a destapar las losetas, de pronto observó que el pico tenía manchas de sangre, lo soltó aterrada y recordó aquella noche en que vio como un hombre asesinaba a otro con ese mismo pico, no quiso volver a tocarlo; pero algo la empujaba a seguir destapando el piso.
Decidió olvidar las manchas de sangre y volvió a coger el pico, destapo unas cuantas losetas y encontró tierra removida, entonces cogió la lampa y escarbó hasta que encontró unas bolsas negras, las sacó para ponerlas unas junto a otras, eran varias, cuando terminó de sacarlas, respiró hondo y se dispuso a abrirlas; algo le decía que no lo haga, pero ya era demasiado tarde para dar marcha atrás.
El viento azotaba la cortina de la ventana que se rompió unas semanas atrás, algunas internas salían del comedor y se quedaban conversando en el patio, el sol agonizaba sin remedio; pronto la oscuridad se escurriría por todos los rincones y ya ni los alaridos de la soledad se dejarían sentir.
Ariana sostenía entre sus manos una de las bolsas, le sacó la tierra que la cubría, luego desató el nudo que la sellaba… un leve grito salió de sus labios, un grito sin fuerzas, sin ganas de ser escuchado; el terror se reflejaba en sus ojos ya no era necesario decir nada más. Ariana cayó lentamente al piso sin soltar aquel tenebroso hallazgo; era una cabeza putrefacta, y aunque solamente la vio por un instante, Ariana reconoció a su amiga Sonia; olvidando de lo que se trataba, la miró con ternura, le acarició el cabello y la colocó suavemente en su vientre; luego cogió otra de las bolsas, parecía que no le afectaba nada de lo que estaba viendo, era como si estuviera actuando sin percatarse de lo que realmente estaba sucediendo; continuó descubriendo partes humanas en las bolsas, una a una las fue sacando y dejando regadas por el piso.
Cuando terminó su macabra labor, se levantó y salió del salón abrazando la cabeza de su amiga; ya todo estaba oscuro, las débiles luces del patio, no permitían distinguir el objeto que llevaba en sus manos. Manuela y Elena observaban como Ariana se acercaba a ellas con la mirada clavada en el horizonte, mas cuando estaba a unos pasos de ellas, Ariana se desmayó.
- Despierta, Ariana tienes que ponerte mejor.
- ¿Dónde estoy?
- Estas en la enfermería, tuviste un desmayo.
- No, no fue un sueño, no fue un sueño.
- No Ariana, no fue un sueño, esta vez si es cierto, es algo realmente horrible; en estos momentos todos están buscando en el instituto si existen más cuerpos, es horrible.
- Esto es un infierno, sé que siempre lo supieron, estamos en peligro; tenemos que salir de aquí.
- No sé de que hablas, me dijeron que te cuidara; tú eres la única sospechosa de lo que le pasó a Sonia.
- ¿Qué estas diciendo?, yo no le hice nada; yo solo entre al salón de música porque…
- Ya Ariana, no digas nada, tienes que descansar, ya la policía viene en camino.
- Elena, sé que tú sabes lo que sucede realmente aquí, por favor, ayúdame.
- No sé a que te refieres, todo se aclarará cuando la policía investigue, yo no sé nada, y lamentablemente no puedo ayudarte.
- ¿Qué hicieron con Alexa?
- Ariana por favor, no insistas, ya todo acabó.
- No Elena, aquí empieza todo. Voy a salir, tengo que encontrar a Alexa.
- Por favor Ariana, no lo hagas más difícil, no quiero hacerte daño, si insistes en salir, tendré que sedarte y no lo quiero hacer.
- Pues tendrás que hacerlo, porque yo no me quedó aquí.

Ariana se levantó y Elena se puso delante de ella, pero cuando Ariana la miró a los ojos, ella no pudo más y se retiró para luego decirle: “En la capilla”. Ariana no dijo nada y salió de allí.
Existía una capilla en donde las internas recibían instrucción religiosa, pero la verdad era que muy pocas asistían al curso, incluso Ariana no conocía ese lugar, solo sabía que quedaba detrás de los dormitorios; pero nunca la había visto. Grande fue su sorpresa cuando por fin llegó a las puertas de la capilla, tenía vidrios celestes y azules, verdaderamente linda y bien cuidada, exactamente como la vio en sus sueños; contuvo el aliento y entró, miraba a todas partes, pero nada parecía estar fuera de lugar, avanzaba lentamente hasta que al lado derecho del altar logró ver una pequeña puerta, se acercó y quiso abrirla, pero parecía estar cerrada por dentro; temerosa y confundida, toco despacio y no recibió respuesta, volvió a tocar y esta vez pudo oír un quejido, golpeó la puerta con más fuerza y el mismo quejido le respondió, Ariana se acercó a la puerta y empezó a llamar: “Quien está allí, ábreme por favor”;sin embargo nadie le contestaba. Miraba en todas las direcciones buscando la llave de esa habitación; pero no había nada, aunque no quería perder el control, comenzó a desesperarse y golpeaba la puerta. Casi al instante, la puerta se abrió; era un pequeño cuarto oscuro, con una mesa y una silla de madera; en una esquina, una silueta delgadísima se ocultaba de la luz que entraba por la puerta.
- ¿Quién eres?, no tengas miedo, todo va a salir bien, vine a ayudarte, deja que me acerque a ti.

El tembloroso ser que allí habitaba, seguía encogiéndose para evitar que la luz lo tocara; hasta que Ariana le tocó el hombro.

- No voy a lastimarte, permite que vea tu rostro.
- No es necesario, tú me conoces… bruja asesina.

Ariana no salía de su asombro, cuando esa persona se levantó y quitando el cabello que le cubría el rostro, la tomo de la mano.

- Gracias a ti, estoy aquí, muerta en vida, amenazada constantemente y rogando al cielo para que se acuerde de mí.
- Alexa, Alexa, estas viva, gracias a Dios, no lo puedo creer.
- No, no estoy viva, tú me mataste, primero mataste a Sonia y ahora me tienes aquí, muerta en vida.
- No digas eso, yo no maté a nadie.
- Me encerraron porque sabía demasiado, vi lo que hiciste con Sonia y no debía decírselo a nadie, aquí me tiene encerrada, me lanzan un plato de comida en las mañanas, duermo en el suelo y todas las noches vienen a decirme que debo olvidar todo, que nada de lo que vi es cierto, solamente mírame y date cuenta de lo que soy ahora, estoy casi tan delgada como tú cuando entraste al instituto, la luz me daña los ojos y la piel; tengo miedo de que en cualquier momento entren para estrangularme o golpearme; así vivo gracias a ti y a tus malditos sueños, tú nos condenaste a ser parte de tus pesadillas… déjanos morir y estaremos en paz.

Ariana miraba atónita a Alexa; era un estropajo, delgadísima con los huesos que se notaban incluso entre sus ajadas vestiduras, estaba sucia, con los cabellos largos, las uñas largas y negras. No quiso seguirla escuchando y retrocedió lentamente, hasta que salió completamente de ese cuarto, luego corrió hasta la puerta de salida de la capilla y sin dejar de correr llegó hasta la reja que daba a la calle, se agarró con fuerza de ellas y gritó, gritó con todas sus fuerzas como si con eso pudiera lograr que todo su ser saliera por la boca.

- Hija, hija, que te pasa, me estas asustando.
- ¿Mamá?, ¿qué haces aquí?
- Hija, subí porque sentí que llorabas, no me digas que tuviste una pesadilla.
- ¿Estoy en mi dormitorio?
- Si hijita, en donde más podías estar; ya te dije que eso de que no comas te está afectando, tu papá y yo estamos muy preocupados por ti.
- ¿Mamá, desde cuando estoy aquí?
- Que preguntas haces hijita, estas aquí desde siempre, no sales hace mucho tiempo, desde que estas con esa obsesión tuya de que estás gorda, no quieres salir a ninguna parte.
- ¿Y el instituto?
- ¿Cuál instituto?, tu papá y yo te estamos cuidando, eres nuestra única hija, nunca nos vamos a separar de ti. Ven, date un baño y bajemos a cenar, tu papá debe estar muy preocupado, yo subí porque estabas gritando, no me gusta que tengas pesadillas, tus sueños son cada vez más reales, ven, ven conmigo.

Ariana nunca estuvo en ese instituto, solamente soñó todo lo que les acabo de contar; la verdad, todo era demasiado terrible para ser cierto, aunque nunca podremos saber si es realmente “demasiado”; la realidad puede ser mil veces más horrorosa que cualquier pesadilla.

FIN

* Todas las pesadillas de esta historia no son invención mía, solamente recopilé algunas de las que soñé y otras son las que soñaron personas cercanas a mí; por eso, si alguna de ellas te pareció familiar, es posible que sea tu pesadilla.

Maribel Leny

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Sobre mí

Ya no existo, no oigo mi respiración, no veo mi sombra y mi aliento no se dibuja en el vidrio. Dime si alguna vez existí; tal vez solo lo imaginé, sería una lastima si fuera así, por favor, te pido que contestes mis preguntas; o es que acaso, tampoco tengo voz.

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